Ya se que mi instinto no era único; hoy con el internet y millones de imágenes recorriendo la nube descubro que habían mas niños como yo que se introducían bajo una antigua maquina de coser a conducir por los caminos de la imaginación y de la ilusión, donde el ruido del motor era la brillante vibración y tronar de los labios, el volante era una rueda que engarzaba la correa de cuero que de izquierda a derecha de nuestro imaginario vehículo se acompasaba con el subir y bajar de una aguja y donde la simulación de las curvas era ese enorme pedal que servía de asiento, produciendo la emoción de tomar los giros a gran velocidad. Hoy en día esa era mi “realidad virtual” de tiempos pasados. Quizás siga soñando; aunque la maquina de coser permanezca inmóvil y silente en el transcurrir de estos años, aun me recuerda al niño que fui algún día.
No comments yet