No es fácil cargar con el miedo en tu equipaje cuando viajas a ninguna parte porque la mente no entiende de espacio ni de tiempo. Tampoco escapar del terror que envuelve tu existencia, de la angustia, de la apatía, de la ilusión perdida, del dolor con el que cada día tienes que batallar para controlar ese torbellino de pensamientos que agitan tu cabeza. Y aunque a veces logres pintar una línea positiva en tu cara, tú y yo sabemos que en esa realidad oculta no hay rastro de alegría. Pero lo que quizás no sepas es que yo sé el camino de regreso por si nos desviamos en el de salida, así que, si tú quieres para empezar, uniré un hilito de tu risa a la mía, de modo que, cuando yo ría el hilo tire y dibuje la tuya. Te espero donde siempre. Cruzando a la derecha.