Y llega un momento en el que decides decir "Basta". No has venido a esta vida para conformarte. Te has pasado el tiempo recordando un pasado que ya no existe y esperando por un futuro que nunca llega. Te levantas del suelo con innumerables cicatrices y sonríes: "Estoy de pie. No estoy muerto". Has aprendido una lección en el País de Jamás, donde siempre ocurren cosas: "Si todos tienen su historia, yo también tengo la mía". Te marchas con esa historia sabiendo que en esta vida las palabras se desvanecen rápidamente. Llega un día en el que te das cuenta de que debes ser capaz de todo, porque si no, no lograrás nada. Sales al mundo con un cartel gigante que dice: "Díganle que me dolió hasta el alma, pero gracias". El abrazo que merece todos los kilómetros es el que te das a ti mismo. La guerra de "el tiempo dirá quién perdió a quién" ya no te pertenece, al igual que el miedo que no te lleva a ningún lado. Llega el día en el que todo llega, todo pasa y todo cambia. "Aquí no ha pasado nada", lo dices una vez más. ¿Y la suerte de encontrarte de nuevo? Lo que no dura para siempre, está bien durado. En un día cualquiera, como podría ser hoy, pones fin a todo y escribes una nota en tu bolsillo antes de salir: "Agradezco las vueltas que da la vida".