Al final del día, somos vulnerables embarcaciones de papel navegando en un vasto océano llamado vida. Avanzamos con la esperanza de no naufragar en el trayecto, hasta que un día avistamos la costa y comprendemos que ese es nuestro refugio seguro. Ya no anhelamos vivir más aventuras, hemos tenido suficientes; ahora solo deseamos tener nuestro propio puerto. El calor de un hogar, el amor de una familia y la serenidad de un nuevo amanecer. Continuaremos admirando y disfrutando las puestas de sol sin temor a las tormentas. La travesía ha llegado a su fin.
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