No tengo idea de cómo te va allá arriba en el cielo, pero aquí, a veces, siento mucho tu ausencia en los días en que todo sale mal. No sé cuántas veces miro al infinito, con las manos apretadas, suspirando por qué estás allí y yo aquí. No sé si sabes que te extraño en cada momento. La vida era mucho mejor contigo aquí abajo y aún no entiendo por qué está montada de manera tan cruel, sin certezas de que nos volvamos a ver, por mucha fe que le ponga al asunto. Hay tantas cosas que tengo que contarte, que nos daría para otra vida en el cielo, sentados en un sofá de dos, donde tú sonríes y le restas importancia al peso de las cosas que me han sucedido. Seguro que ya lo sabes y desde allá haces lo que puedes, pero sopla más fuerte vida, porque no todo es como antes de que te fueras y, muchas veces, cierro los ojos creyendo que voy a morir, con la esperanza de robarle un segundo a la vida para darte un beso en la frente. Dicen que te fuiste a la habitación de al lado y que la vida sigue siendo lo que siempre ha sido, pero todas las noches voy a probar suerte y, al final, abro la ventana buscando en el cielo lo que la vida dejó de ser desde que te marchaste. No sé si sabes que cuando todo está patas arriba, tengo que limpiar mis mejillas con un "si tú estuvieras aquí...", pero luego me doy cuenta de que hay viajes sin retorno, esperando a que otros los hagamos de ida. No sé si también sabes, porque no sé cómo están las cosas allá y si les permiten saber más de lo debido, que en todos los momentos buenos que me han sucedido siempre he pensado "espera a que le cuente que..." y ahí tengo una colección de aventuras que ya verás cuando te las cuente. Supongo que sabes qué decir "te extraño" no se ajusta bien a mis sueños de cuánto te echo de menos, así como debes saber que daría todo porque estuvieras aquí conmigo ahora.
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