Nunca fui buena con los duelos, no me daba el tiempo que necesitaba mi alma para volverse a unir, tapaba superficialmente el daño y me encontraba de tanto en tanto recordando y volviéndome a hundir en ese mar de llanto, que se hacía presente cada vez que algo me recordaba lo que sufrí. No me rendí, no deje mis sueños de lado, no me aleje de todo por rara, no calle mi voz para ocultar rencores, no me deje atrapar por la depresión. Me alejé un tiempo para escucharme para hacer eso que nadie, hará por mí. Quiero saber quien soy, reencontrar mi esencia, quiero reconocerme más allá de las apariencias, quiero quedarme quieta solo por un rato y observar el mundo que me rodea, no quiero otras voces en mi cabeza, no quiero miradas que esperan, no quiero subir a la rueda sin estar preparada, quiero saber que tanto tengo de locura, quiero aprender más de mí, quiero encontrarme y salvarme, sanarme y a su debido momento, volver al ruedo, pues no se puede avanzar arrastrando miedos, si veo en cada rincón una herida que amenaza con volverse a abrir. Hacer los duelos es necesario, no se trata de aferrarse al dolor, si no de sentirlo, procesarlo y soltarlo, muchas personas hacen sus duelos en el camino y cuando algo llega a su final, ya no cargan con el dolor, pero hay quienes no se dan el tiempo, tapan el dolor con cosas superficiales, lo adormecen y aunque crean haberlo controlado todo sigue ahí. Lo llevan dentro, hace metástasis, lo proyectan, se arrebatan o huyen. Cuando algo llegue a su final asegúrate de sanar antes de seguir, para estar libre y liviana para sentirte plena y volver a ser tú otra vez. Los duelos cierran historias, sanan heridas y fortalecen alas.
No comments yet