Encendamos el día, prendamos la luz, que el sol brille con todo su esplendor, iluminemos la mirada y empecemos chisporroteando todo lo bueno, esparciendo la llama a otros con tu hermoso calor humano, sacando ese fueguito interior con nuestras chispitas de luz por doquier, alumbrando e iluminando con nuestros poderosos pensamientos, haciendo visible con nuestro fuego todo lo que la vida nos regala, levantando como una antorcha nuestro fuego del triunfo, rodeados como siempre de los chispazos de la fe y de la esperanza. Fuego y su eterna llama, que nunca se apague en nosotros esa fuerza que alumbra todo, que lo purifica todo y que enciende el corazón en los demás como también en el propio; con esa llama fulgurosa y perpetua llamada amor.
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