Somos hijos de un planeta abandonado, que olvidó poco a poco como hacer reír a los niños y en lugar de un cuento fantástico entre hadas y dragones lo cambiamos por un smartphone. Somos hijos de un planeta despreocupado que dejo de lado como hacer volar una cometa traspasando el viento, jugar de nuevo a la pelota o correr descalzo y admirar como se siente el pasto al recorrer por sus inconmensurables praderas. Nos convertimos en los hijos de iPhone, smartphone, tabletas. Preferimos saber quién está al otro lado del mundo desconociendo quien verdaderamente esta al lado nuestro. Somos hijos de un planeta hecho de tecnología y tantos recuerdos olvidados, de un café imaginario y frío en una pantalla del ordenador que no se puede beber. Somos hijos de un planeta diferente que poco a poco olvidó cómo hacer sonreír a un niño; con el paso del tiempo seremos un holograma imaginario de nosotros mismos desfigurando y enterrando los rastros del pasado.
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