Y después de tanto hemos aprendido que lo más importante es estar con los que nos quieren. Que no hay nada más valioso que una sonrisa sincera y un recuerdo que nos llene el corazón. Que en la vida hay muchos conocidos, pero pocos amigos de verdad. Que ser feliz es crear momentos mágicos con los que nos hacen sentir especiales. Y después de tanto hemos aprendido que la vida nos enseña lo que valemos y lo que merecemos. Que un beso de un hijo es el mejor regalo del mundo y un abrazo de una madre es el mejor remedio. Que tener a alguien que nos apoye, que nos escuche y que nos anime, no tiene precio porque los amigos son más que una compañía, son una familia. Que para compartir nuestro mundo tiene que haber alguien que nos quiera como somos y que nos haga volar con sus sueños. Que no hay fortuna que pueda comprar lo que solo se puede sentir: ser feliz. Que en este mundo de locos aún quedan personas maravillosas que harían por nosotros lo que nadie más haría. Y después de tanto, de subidas y bajadas, de alegrías y tristezas, de encuentros y despedidas… hemos aprendido tanto que nos quedamos con lo mejor para vivir con ellos la vida que queremos vivir. Y escribimos en letras grandes en rojo sobre blanco: “AUNQUE SABEMOS QUE LA VIDA NO ES PERFECTA, HACEMOS LO POSIBLE POR SER FELICES”.
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