Nadie puede escaparse de sí mismo, podemos creer que lo que hacemos no tendrá repercusiones en nosotros, pero la verdad es que al actuar elegimos lo que viviremos después, recibimos aquello que damos de manera directa o indirecta, antes o después, girará la rueda… Nos creemos jueces y jurados de verdades que no son nuestras o que se nos escapan de las manos y en lugar de hacer “mea culpa” nos cegamos y tenemos actitudes nocivas, hacemos porque nos hicieron, damos a otros aquello que alguna vez nos dieron o creemos que tenemos derechos por sobre otros seres y bajo la excusa de que los otros lo hicieron primero entramos en el juego de la mentira, el despecho y el desengaño, sangrando sobre quienes no nos hirieron, causando a otros el mismo daño y con el fin de aliviar nuestra pena e impulsados por la herida en nuestro ego en lugar de deshacernos del veneno nos terminamos ahogando en él. Quien no comprenda la ley de causa y efecto se autocondena a recibir en primera persona la miseria que han entregado. Karma o consecuencia, distintas palabras… Mismo fin.
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