Qué fácil resulta hablar de conspiraciones y de aquellos a quienes nosotros mismos, les dimos el poder de que se crean nuestros dueños, de los seres de otros mundos, de la forma de la tierra o de nuestra procedencia, sacar conclusiones o inventar fantásticas historias es algo, en apariencias, imprescindible para el ser humano, lo que es más increíble aún es la forma en la que se deja embaucar por cuanto impostor, le sonría por ahí. La verdad sobre absolutamente todo está escrita en algún libro al que ningún mortal tiene acceso, aun así se obsesionan con tenerla, tanto que terminan destruyendo más de lo que crean, alejándose eones de la semilla original (la única verdad). Mutaron a través del tiempo tantas veces la historia, que en una sola esfera se depositan millones de teorías sobre su evolución, aún seguimos siendo neófitos, aún seguimos teniendo un alto grado de inmadurez, aún hay quienes siguen creyendo que cualquier medio es aceptable para llegar adonde se desea y cree que con elevar una plegaria alcanzará para dirimir todo el daño que provoco, se olvidaron de que hay leyes, límites y los negaron también. Negaron todo lo que les hiciera ver que, absolutamente, todos somos responsables de lo que ocurre a nuestro alrededor, motivo por el cual en la actualidad se desgarran las vestiduras para buscar adeptos entre conspiraciones y teorías, todas menos aceptar. Qué fácil resulta responsabilizar al otro por los errores de uno y que fácil es mirar hacia los costados cuando adelante nos piden ayuda, qué popular se volvió el hábito de ignorar. Qué fácil resulta el hecho de creer que Dios todo lo perdona, que se puede tomar una vida como si nada, qué fácil se volvió matar. De nada servirá rezar si al salir de la Iglesia, miras hacia el costado e ignoras el dolor y el hambre que te rodea. De nada sirve vanagloriarte de buen padre, si depositas en tus hijos (que ya no son tuyos), tus propias expectativas. De nada sirve demandar atención, si todo se basa en mentiras. La vida no se nos fue otorgada para que hiciéramos de ella lo que hicimos, nos la dieron para VIVIRLA y nos vendieron por monedas una realidad que nos extermina el espíritu, mientras que los perseguidos y expulsados gritan: EN UN REINO SIN LACAYOS, NO HAY, NI HABRÁ REY.
No comments yet