Evita comprar “te quieros” a la ligera, ya que solo el tiempo otorga valor a las palabras sagradas que hacen que alguien no pueda depositar su historia en otro lugar que no sea allí. Aléjate de aquellos que las pronuncian sin pensar, como si estuvieran escritas en un cuento en el que “Había una vez alguien que moría por ti”, y terminó muriendo solo por sí mismo, siguiendo su conveniencia después de haber agotado todas las letras prohibidas por aquellos que desconocen que los asuntos del corazón son la pirámide más difícil de escalar. Huye de aquellos que dicen lo que quieres escuchar con la primera bola de helado del verano en el suelo y la última hoja de otoño volando hacia otro lugar, en la conveniencia de los días traicioneros que se venden al egoísmo. Busca la primera señal que el destino te brinde sobre las medias verdades de aquellos que lo hacen como forma de vida, entregando a cada uno las mejores letras escritas, que son una forma de vida, ya que quien hace una, sigue hasta mil. Es mejor retirarse antes de escribir una sola línea de la historia y ya te consideren el vencedor de lo mejor desconocido, '”como nunca en su vida'”, porque es la canción triste de mil años que siempre resuena en todos los lugares abandonados, con un puñado de excusas cobardes que te dejan al borde de lo que '”siempre sucede por inocente”. Ten cuidado con escuchar los sueños de un mañana que no existe, cuando hoy es la voz de la incertidumbre ambigua que juega a estar presente para luego desaparecer, dejándote con los días en los que solo importas tú. Huye del mundo frío que desconoce que la mayor distancia entre dos personas es un abrazo, en el que todo comienza de nuevo, y una sonrisa, la que te devuelve a la vida. No persigas a alguien que ya sabe dónde estás después de haberle escuchado los veinte poemas de amor, porque serás la canción desesperada de quien buscó lo que no existía, sin saber que no lo encontrarían, porque no había nada que ofrecer. Vuela hacia los giros de la vida que sorprenden, en lugar de dar vueltas en el mismo lugar al que nunca se regresa una vez que cierras la puerta detrás de ti.
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