La vida es una serie de elecciones que a veces no tienen mucho sentido. Desde niños nos hacían elegir entre papá y mamá, como si se pudiera querer más a uno que a otro. Luego nos complicábamos con quién era nuestro mejor amigo, sin saber que la vida nos los iba a quitar a los dos. Jugábamos al me quiere no me quiere mientras elegíamos entre ciencias o letras. Estudiábamos una carrera que no nos enseñaba nada o nos lanzábamos a la vida a aprenderlo todo. Nos creíamos que el mundo se acababa y nos equivocábamos en cada decisión. "¿Niño o niña?"... "Lo que sea, mientras esté sano", y luego nos volvíamos locos buscando el nombre perfecto para el bebé. Nos pasábamos la vida eligiendo hasta cosas tan tontas como si la tortilla lleva cebolla o no. Y aprendíamos de nuestros errores, uno tras otro. Y llegaba un momento en que ya no sabíamos si era mejor ducharse por la mañana con una canción pegadiza o por la noche con un peluche que habla. Y así es la vida. A veces lo mejor es no elegir y dejar que las cosas fluyan, porque la vida... ya tiene todo planeado para ti.
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