Quiso ser lo más parecido a lo que todos creían que debía ser, pero su espíritu renegado siempre terminaba haciendo todo al revés, recuerda escuchar de niña decir que era la peor, quizás porque todo lo desafiaba. Vaya a saber. Recuerda ver a la locura, llamarle loca. Recuerda también ver el odio, en los ojos, de quien decía amarla, como si fuese el chivo expiatorio de todo su rencor. Recuerda esos días en los que nada tenía sentido y se cuestionaba durante largas noches si debía continuar en este camino, en el que parecía que todo encajaba, menos ella. Recuerda la perdida, el miedo, la incertidumbre y el dolor. Cada vez que intentaba ser lo que de manera arbitraria se le exigía, terminaba lastimando a otros o lastimándome a sí misma, porque aunque se aseguró de no cometer los errores que cometieron con ella y cambio las reglas del juego y aun así... se equivocó. Siempre parecía pertenecer a alguien más, ¡Agradece poder respirar!, como si tuviese que pagar un alto precio por estar viva y así creció, buscando a su dueño, humano o divinidad, alguien quien se hiciera cargo de ella, algo que le diera motivos para soñar. Fue sin darse cuenta... el escalón de otros, el trampolín de otros, amo lo que otros amaron y defendió las verdades de alguien que mintió y lo sufrió. Creció creyendo que la vida era dolor y sacrificio, creció en un sistema que manipuló su razón, con seres que cargaban con el mismo virus y juzgo, cayó en el juego, se perdió y se encontró ... Y se perdió otra vez. Todo era incierto, nada parecía tener sentido, pero sus latidos fueron testigos del cambio que se estaba gestando en su interior, recorrió en silencio cada momento vivido y a cada uno de ellos les puso título y descripción, luego los guardo en un cajón, se fue despidiendo de lo que era e hizo espacio para escribir su propia versión, no empezó de cero, no se alejó de todo, no se enojó con el mundo... Simplemente despertó... Ahora es ella su dueña, su reina y en ella encontró a su Dios.
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