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@orodrigarm edited more from that month

Sacudo los dados que se escurren por dentro de mis dedos y ruedan a ver que número nos sale entre el bien y el mal en el juego de la vida. Hoy se habla del índice de maldad con veintidós niveles como peldaños que esculpen la mente de un psicópata o ese gen que también signa la maldad entre nosotros y que nos disfraza de buenos todo el tiempo, pero que está dispuesto a salir en cualquier momento perfumado de enzimas capaz de hacer temblar nuestros neurotransmisores y crear cambios de conductas. Será así de fácil catalogarnos como fichas de asesinos estudiados o quizás la ciencia nos tenga la respuesta adecuada de lo que habita realmente entre nosotros en esa confusa psiquis humana o el ADN y sus intrincados complejos que cuando nos enfadamos sale a relucir lo más oscuro de nuestro enigmático ser y que después emerge quien nos desinfle esa percepción de muerte, de injuria, de maledicencia… y se nos esfume de un solo pinchazo logrado el equilibrio necesario para tornarnos nuevamente en seres coherentes, apacibles, bondadosos, buenos… Si Dios está dentro de nosotros, el diablo también. Somos una gran cadena, si un eslabón se oxida y se lo deja estar, posiblemente otros eslabones también se oxiden, lo que generará un daño aún mayor, efecto domino, desde abajo… La dualidad del hombre y su negación a esas dos caras, el lobo disfrazado de cordero, la oveja que no aprende. Todos cazadores, todos presas. Nosotros le dimos el poder al mal, nosotros mismos despertamos a las fieras, les rendimos cultos, avalamos y elegimos… Pero desde adentro, también, podemos volver a dormirlos. Sin dudas, al despertar, estamos formando parte, de una nueva cadena. Pero no olvides que el mal puede sentarse en tu mesa y comulgar contigo o continúes con tú sonrisas y tus alas invisibles adosadas a tu espalda, esperando otra vez el turno de tirar los dados nuevamente; porque el protagonista de esta historia simplemente eres tú, que me estás leyendo y tú escoges si eres bueno, eres malo o las circunstancias del destino son las que en su especie de suerte o desgracia te hacen acertar o lamentarte hasta el resto de tus días, haciendo que tu hombre gris simplemente sea tu “CONCIENCIA”.

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