No sé en qué instante comenzamos a simular una vida perfecta que no existe, a mostrar nuestra mejor versión y ocultar las miserias que todos experimentamos en algún momento. No sé cuándo empezamos a sonreír frente a la cámara para borrar esa sonrisa cuando se apaga la luz. Nuestra existencia se reduce a un "me gusta" y a utilizar filtros para disimular las arrugas. Nos hemos convertido en héroes de una causa perdida, intercambiando besos por corazones de plástico o notas arrugadas con palabras vacías y titubeantes que nos dejan sin aliento. Esta es la norma ahora. En este mundo de cartón, ni siquiera sé en qué momento nos convertimos en dioses de barro, renunciando a mirarnos a los ojos y a hablar con el alma. Pero ¿qué importa? Nos hemos convertido en muñecos de plastilina moldeando una felicidad imperfecta hasta que el destino sople y el castillo se desmorone en el aire. Y entonces, todo se derrumba. No sé en qué momento ocurrió, y tú tampoco, pero si crees que esto es la vida, es mejor que te inventes otra.
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