Cada figura que compone el pesebre es un instante donde dejas algo de ti, esa esperanza, ese consuelo esas lagrimas, esas alegrías, esos sueños, esos anhelos, tus peticiones, tus errores, tus recuerdos, tus pensamientos, tus agradecimientos; todo va impregnado de energía divina, de cariño, de amor, de devoción, de caricias, de fervor, de besos, de oración. Es como si dejaras tu propia escarcha imaginaria que pulula en cualquier rincón, no la desperdicies donde no va, donde no lleva, recuerda es tu resplandor, tu luz; tu eres parte del pesebre de allí venimos todos, de ese toque que dejo una estrella guiando el camino y la bendición del nacimiento del niño Jesús, recordándote cuando tu también lo hiciste como una linda escarcha pero esta vez esparcida de la mano de Dios y comenzó tu brillo en este planeta llamado tierra.
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Es un mes para nuestros re-encuentros internos y dar gracias por las bendiciones recibidas.