A veces quiero compartir contigo todo lo positivo que me está ocurriendo y de repente recuerdo que ya no tenemos contacto. Y me dirijo al mar con una botella de cristal medio rota y un papel arrugado dentro por si algún día llega al otro lado del mundo: 'Cargo con el peso de la historia por no responder aquel 'Te quiero' con sinceridad'. Tú no lo sabes, pero, a veces, que son muchas, observo el cielo contando aviones y los señalo con el dedo y te busco ahí pensando que ya regresas. Y ahí sonrío y luego lloro cuando los veo alejarse. Tú no lo sabes, pero vivo en la arena de un mar escribiendo una y otra vez tu nombre porque la orilla lo borra y yo quiero que se quede ahí para siempre, mientras cuento olas a ver si alguna me devuelve la mayor realidad vivida. No lo sabes, no, pero siempre miro por el cristal de mi casa esperando que tú estés al otro lado haciendo gestos con una mano en la nariz y una pierna al aire, sonriendo nuestra fortuna. Creo que no, que no tienes idea de que me tengo que dar golpes en la cara para secarme lo que llueve al darme cuenta de que nunca más en la vida lo que a ti y a mí no nos podía salir mal. Y eso duele. Y que, si yo lo hubiera sabido, te hubiera dado ese último abrazo más fuerte como si aún lo tuviese en una pista de vuelo que nunca toca aire. Y otro beso más en la mejilla de un 'todo va a estar bien' para cuando, como ahora, esté todo mal. No lo sabes, pero por las noches me asomo a la ventana creyendo que tú estás mirando la misma estrella que yo y les das las buenas noches antes de soñar despierta con un helado de chocolate para dos. Que las horas del día se me hacen largas imaginando las tuyas y preguntándome si a ti también te ocurre. Y que no está bien quedarse a vivir para siempre de esa manera, porque la vida se pasa y yo no quiero pasarla perdida en calles, buscando lo mejor de la vida que se me fue, que no sé si tampoco lo sabes, pero... eres tú.
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