Habitamos un mundo repleto de una vanidad desmedida, donde se han desprendido las siete letras que podrían convertirlo en un lugar más amable. Nos entregamos al narcisismo ególatra, que no reconoce culpas que no sean ajenas, buscando un pedestal desde el cual alzar la copa de "Somos los mejores". Lo que ocurra más allá de nuestro entorno o lo que dejamos al viento es asunto de la vida, no nuestro. Vendemos sonrisas en redes sociales, tejidas con mentiras, esperando que…