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@mostrorobot

EL DIEZ El diez caminaba lentamente sobre el engramado del campo, con la camiseta embarrada, el balón bajo su brazo derecho y la frente brillante por el sudor. El juego había sido reñido, tanto que la rudeza y el empate persistieron hasta concluir el tiempo suplementario. La tanda de penales no había sido nada distinto, y ahora, es su turno de cobrar. En la precisión de su bota se encontraba el destino del Mundial, ¿serían él y su equipo quienes cargarían la copa más deseada del futbol o sus contrarios? Mientras entraba al área enmarcada en su mente aparecían imágenes de su niñez y adolescencia, recuerdos de como siempre recibió el bulling de los más fuertes de la clase, los cientos de insultos por ser un “cerebrito” y de cómo las chicas que le gustaban terminaban saliendo con los atletas del cole. Nunca destacó en lo físico ni en nada realmente, pero todo cambiaría aquella tarde misteriosa, cuando bajo un fuerte aguacero sobre un enlodado y solitario campo de futbol una silueta oscura le ofreció la oportunidad de cambiar el rumbo de su vida. Un balón sostenido por una garra siniestra, una vida de gloria y fama, a cambio de poca cosa – según el oscuro de voz gruesa -, las almas de quienes lo amasen. El estruendo de un relámpago en el cielo nublado lo regresó a la realidad. Ya se encontraba en la posición frente a la portería, con lentitud colocó el balón en posición mientras mentalmente repasaba todos los triunfos, trofeos y records personales que había alcanzado durante su exitosa carrera, lo había ganado todo y ahora solo le faltaba el premio mayor. Levantó la mirada y observó las gradas abarrotadas de fanáticos, histéricos, alocados, gritando eufóricos y coreando su nombre. Primero el árbitro se aproximó al portero a darle instrucciones, este asintió e indicó que estaba preparado, luego se dirigió al jugador, y extrañamente se acercó más de la cuenta. Cuando el diez lo vio venir, el tiempo pareció relentizar, todas las personas y objetos a su alrededor lucían paralizadas o moviéndose muy lentamente. El rostro del árbitro se veía borroso, por segundos era su cara y por otros se volvía deforme, extraño, como algo inhumano entre cosa y animal; hasta que finalmente no tenía un rostro, sino una gran boca con dientes y colmillos largos y babosos. Cuando se dirigió a él, una voz amarga le habló sobre su trato con el oscuro: - Este es el acto final. Tú decides. Un alma más y toda la gloria eterna será tuya. Serás leyenda hasta el día final de la humanidad. - - ¿Un alma más? ¿No bastan todas las que he dado? – dijo con ira y temor al mismo tiempo. - Un alma más. – respondió el horrible mensajero. Aunque sabía y temía la respuesta, se atrevió a preguntar - ¿Cuál alma? – - Tu corazón sabe la respuesta – dijo el árbitro mientras relamía los colmillos con una larga y negra lengua – y veo que ya has elegido. El sonido estruendoso de un nuevo relámpago pareció sellar las demoníacas palabras. Cuando algunas gotas de lluvia comienzan a caer el rostro del árbitro recobró su humanidad, y el ruido y algarabía de la gente en el estadio se reactivó. La mesa estaba servida para el gran momento. El silbato hace su chirrido característico y por un instante un silencio sepulcral se apodera de la cancha. El número diez ni siquiera miró al arco, sus pupilas estaban concentradas en el balón y en la decisión que había tomado. Un par de pasos en cámara lenta, la pierna describe un arco inclinado, furioso y perfecto, el portero parpadea y siente el brillo en sus ojos, la pelota es arrancada violentamente del césped y sale disparada cual bólido, el hombre bajo el marco reacciona y despega del suelo, vuela y se estira a lo más alto de la esquina, en un esfuerzo sobre humano, y no, no lo logra, el balón perfora la red, el trato se ha consumado. El estadio en pleno estalla en un festejo enloquecedor, todos los compañeros corren a felicitar a su ídolo, a su héroe, a su ejecutor, lo celebran y abrazan, quieren devorarlo y amarlo, lo cargan en hombros entre gritos y lágrimas. El diez está lleno de júbilo, lo ha logrado, la ha alcanzado, la gloria eterna, ya jamás será olvidado, disfruta el momento, y mientras mira a todos a su alrededor en 360 grados, observa con horror como las gradas se encienden, bajo la lluvia miles de fanáticos festejan entre el fuego infernal sin saber que están condenados, mientras que, de pie, una gigantesca y oscura silueta observa satisfecha al estadio en llamas. Fin Mostrorobot 221214 #mostro #futbol #relatos #qatar2022 #mundial

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