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MI VIDA CON ANDRES Hace 21 años llegó Andrés a mi vida y la cambió en muchos aspectos. Para bien o para mal, porque han sido momentos de mucha tristeza, la llegada de un niño especial siempre es desconcertante, te llena de angustias, frustraciones y ganas de llorar sin parar, pero de algo si estoy segura, es que Andrés llegó a mi vida para enseñarme que la vida está llena de altas y bajas y tener un niño con discapacidad no es más que un aprendizaje. Desde hoy escribiré sobre lo que ha sido mi vida con Andrés. Conocerán lo maravilloso que ha sido ir descubriendo, lo que el amor, la paciencia y la constancia pueden lograr, y como la familia gira en torno a un niño cuando llega con alguna discapacidad. No quiero que vean este espacio como un consultorio, solo son unos caracteres que a mí me ayudaran a drenar todos esos sentimientos y esas experiencias que han llenado mi vida por 21 años y a aquellos que me lean, espero los ayude a encontrar ese hermoso camino que, si bien es bastante difícil, es realmente maravilloso. Como siempre, lo mejor es comenzar por el principio. Mi embarazo fue totalmente normal, lleno de muchos cuidados porque ya había tenido varios abortos espontáneos y como en esa época, la década de los noventa, trabajaba como reportera de televisión nacional, mi vida era muy agitada cubriendo todo tipo de noticias. Por tal motivo, decidí tomar un descanso y disfrutar de mi embarazo y así lograr darle a mi hijo mayor, Gerardo, un hermanito. Todo iba normal, ningún indicio de problemas, asistí a mis consultas ginecológicas, cumplí con las indicaciones médicas al pie de la letra y disfruté mi embarazo. Hay algo que debo decir y es que durante esos 9 meses, yo me sentía diferente a como me sentí con el embarazo de Gerardo, mi hijo mayor. Y no tiene que ver con sensaciones a nivel físico sino a nivel de alma. A veces pienso que en mi interior ya sabía que ese niño iba a ser alguien muy especial. Una vez, una amiga me preguntó, años después de haber nacido Andrés, que como había hecho yo para aceptarlo, y le dije que antes de su nacimiento yo me había enamorado de él, por lo tanto, viniera como viniera era irrelevante, además fue un embarazo deseado. El día que nació, un sábado 6 de mayo del año 2000 a la 1 y 25 de la tarde, no me dejaron cargarlo, ni siquiera lo llevaron al cuarto. Al día siguiente a las 10 de la mañana me lo llevaron y tiempo después caigo en cuenta que el ya presentaba rasgos diferentes, pero en ese momento para mí no habían diferencias, para mí se estaba cumpliendo el sueño que había comenzado 8 meses atrás cuando un 13 de septiembre me enteré que estaba embarazada. El día que me dieron el diagnóstico: parálisis cerebral congénita, me acompañaban mi mama y mi hermana menor. Sería una mentirosa si les dijera que lloré desconsolada, solo le dije a mi hermana que manejara y no hablé en el trayecto a la casa. No sentía absolutamente nada, ni tristeza, ni rabia, ni dolor. Llegue a mi casa y seguí con mi vida y con mis sueños de tener un bebe. Y ese sueño es lo que me ha mantenido en pie de lucha. Por su puesto la depresión, la rabia, la frustración y el dolor comenzaron a aparecer con el paso del tiempo, al ver que Andrés no caminaba, ni hablaba en el momento que debía hacerlo, ni siquiera masticaba, toda la alimentación era líquida. Es difícil enfrentar tantas cosas cuando se tiene un niño con discapacidad. Más allá de los gastos económicos es aprender a mantenerte firme cuando otro niño se le queda mirando porque le parece “raro”. Es tragar grueso cuando un niño le pregunta a su mama ¿porqué ese niño es así? Pero lo más difícil de tener un hijo con discapacidad es evitar soñar como hubiese sido si hubiera nacido normal, es evitar soñar que Andrés pronuncia mi nombre. Hace poco leí un escrito de una madre con una hija especial en donde decía que tener un hijo con discapacidad es como comprar un paquete de viaje para un destino y resulta que el avión te deja en otro lugar. Es verdad, nadie imagina durante su embarazo que su hijo llegará con discapacidad, pero si llega, lo mejor es llorar y seguir adelante. Mi vida con Andrés está llena de anécdotas muy divertidas y con un aprendizaje que poco a poco irán conociendo. Con cada publicación conocerán todo lo que hemos hecho mi familia y yo para lograr que un niño con parálisis cerebral y diagnosticado a los 17 años con autismo, hoy camine, entienda, obedezca órdenes y hasta sea parte del equipo de natación de Olimpiadas Especiales Venezuela.

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