Una de las consecuencias del mundo cada vez más digitalizado en el que vivimos, en el que la gran mayoría de los contenidos que consumimos lo hacemos por medio de pantallas, es la perdida sensorial de algunas actividades que ahora empiezan a formar parte del pasado. Una que particularmente me gusta, es la sensación de tener entre mis manos un libro nuevo, gracias al olor que desprenden sus hojas. Esta mañana caminando por Barcelona, mientras esperaba que cambiara el semáforo de un paso peatones, y a pesar de tener un libro en mis manos, percibí ese olor tan característico que me hizo girarme. A mi espalda, había una de esas pocas pequeñas librerías de barrio que aún quedan por la ciudad. No pude evitarlo y entre. La experiencia también me sirvió para transportarme en el tiempo, cuando iba con mis padres a comprar los libros de cole.
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1 comment
Es una sensación agradable el olor de libros nuevos que reclaman ser leídos.