Hoy se cumple una semana del deslave acá en El Castaño. Tuvimos una semana muy movida: sirenas de ambulancia, maquinaria pesada removiendo escombros, camiones con comida y agua, cowboys del ejército, la policía, los bomberos. Hidrocentro, Corpoelec... en fin, todos abocados a apoyar a las víctimas. Las noches se tornaron calladas y tristes, el silencio era una muestra de cómo todos nos uníamos al dolor de quienes lo perdieron todo, hasta sus vidas. En mi casa se colocó un puesto de control para apoyar a los vecinos. Distribuimos las bolsas de comida, agua mineral, se vacunó a las personas que lo solicitaron y se atendió a los niños y adultos mayores con déficit de peso, también se entregaron vitaminas. Ayer, se pudo realizar una actividad recreativa para los niños del barrio que han estado muy nerviosos con lo del deslave, especialmente a los que sacaron corriendo del colegio esa tarde. Después de varios días, sus caritas de llanto se adornaron con una linda e inocente sonrisa. El barro ya no les impedía caminar y corrían libremente por el parque. Así es la vida, un día nos da tristeza, otros, nos da alegría. Hoy ha vuelto a llover con fuerza, la naturaleza sigue haciéndose sentir. Nuestros corazones han latido rápidamente ante cada gota de lluvia, pero esta es vez es distinto... todos estamos atentos de cuidarnos unos a otros, al fin y al cabo, lo que afecta a nuestro vecino, nos afecta a todos. Seguimos aprendiendo la lección. Por acá te dejo algunas imágenes tomadas por mí, siempre guardando la identidad de las personas por respeto a su privacidad.
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