Larosayelzunzún
Buenos días, tardes, noches tengan todos, en dependencia de su región y país, les traigo uno de varios cuentos y poesía de literatura infantil que escribiera mi abuela paterna Margarita Leonor Arcia Rodríguez, hace ya algunos años atrás, y hoy ven la luz por primera vez en la red de redes y en el mercado de habla inglesa. Espero que les guste ... “La rosa y el zunzún” Lo que te voy a contar, me lo contó un ruiseñor. En un lejano lugar, cuyo nombre no recuerdo había una pequeña casa pintada de azul con ventanas y verjas blancas. En ella vivía Piedad, una viejita de cabello tan blanco como la nieve y rostro bondadoso. La casa estaba rodeada de jardines y la viejecita vivía para sus flores. Rosas, girasoles, nardos, azucenas, violetas y jazmines, perfumaban y daban colorido al lugar de lo que la anciana se sintieron orgullosa. Cada mañana las regaba y les hablaba con ternura, pero en su rostro se podía notar una gran preocupación. Mi querido rosal, ¿qué te sucede? A pesar de mis cuidados y el cariño con que te hablo, todavía no me has regalado ni una sola rosa. El arbusto nada contestó, pero a Piedad le pareció le pareció ver que se agitaban un poco sus ramas y más tranquila entró en la casa. Cerca del jardín, en una ventana, se hallaba una jaula en la que entonaba su canto a cualquier hora, un pequeño ruiseñor que tanto en la mañana como en los atardeceres veía con gozo como las abejas, las mariposas y hasta algunos pajarillos revoloteaban alrededor de las flores y libaban en ellas. Este ruiseñor era fiel testigo de todo lo que acontecía en ese hermoso lugar; por lo que pudo ver cómo un atardecer, cuando el sol pintaba de rojo, rojo y violeta el horizonte y las nubes se adornaban con cintas de plata, de aquel rosal que jamás había florecido brotó una rosa diferente a todas las demás, era de un rojo más intenso que la sangre, sus pétalos eran gruesos y brillante como el terciopelo y su cáliz tan dorado, cómo si el sol en su retirada hubiera sembrado en ella unos de sus rayos más luminosos. No era una rosa, era una reina, la reina de aquel jardín. Las flores al verla exclamaron: ¡Qué rosa tan grande y tan linda! Las mariposas que volaban a cierta distancia, unas a otras se decían: ¡Nunca antes habíamos visto algo así, yo no me atrevo a tocarla, ni a posarme en ella! Las abejas confundidas se acercaban y se alejaban sin atreverse a libar en ella. Muy cerca, un jazmín la miraba alelado y suspiraba constantemente. La rosa que desconocía el origen de aquella actitud se preguntaba: ¿Qué pasa a las mariposas y a las abejas? ¿Por qué no me hablan ni se me acercan? A ese jazmín que le sucede. Me mira y me mira, pero tampoco me habla. ¡Si supieran cómo les agradecería aunque fuera una palabra! La rosa, entretenida en sus pensamientos, no vio que de repente el espacio se iluminó con un brillo de lentejuelas verdes-azules un osado pajarillo que batía sin cesar sus alas, venía en dirección a ella. ¡Y hundía su largo pico en su cáliz! La flor, al sentir que alguien al fin se le acercaba se agitó con alegría porque ya no se sentía sola. Me dijo el ruiseñor que entiende el lenguaje de las flores y las aves, que el zunzún , en un todo lleno de amor le dijo a la flor: Rosa, mi flor adorada, te vi nacer desde el cielo y he venido en raudo vuelo para que seas mi amada. No me desdeñes preciosa que rompes mi corazón en un nido de ilusión forjé para ti, mi rosa. La rosa conmovida ante el amor que el pajarillo le ofrecía le respondió: Zunzún, pajarillo mío, hecho de luz y ternura, beberé de esa dulzura que te corre como un río. Solo tú has comprendido con tu infinita nobleza que existe tras mi belleza un corazón escondido. Tú lo supiste encontrar para darme la ventura y en romántica aventura contigo quiero escapar. El zunzún al ver que su amor fue correspondido, le dio otro largo beso y como un susurro que solo el ruiseñor y la rosa escucharon le dijo: Vamos ya, querida rosa, el espacio a remontar, fundaremos nuestro hogar en la nube más hermosa. Las flores, las mariposas y las abejas, que observaban con asombro la escena, al darse cuenta de lo que en realidad pasaba, empezaron a llorar llenas de emoción, mientras que cerca del rosal; un jazmín caía bruscamente al suelo, al comprender su torpeza de no enamorar a la rosa y ver con tristeza como: Juntos fueron al cielo unidos por el amor, la más linda y pura flor y el zunzún de raudo vuelo. Como me lo contó el ruiseñor yo te lo quise contar. Nota: Cabe aclarar que por un tiempo me sentí identificado con el jazmín en el amor, cosa que hace años ya no me sucede, ya no soy ese niño tímido que perdía las oportunidad de conquistar a una mujer, este es uno de varios materiales espero que les guste.
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