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@Wilmaryrosa

Todos somos diferentes #HoyTeCuentoQue cuando inicie en la universidad tuve a un profesor joven que no perdía la oportunidad para decirme "piropos" en su clase. Su sentido de confianza era bastante alto, por lo que era inevitable sentirme incómoda ante sus palabras en el salón. Con mucho respeto le decía que no me hablara de esa manera, que mantuviera su distancia (en ocasiones se me acercaba al asiento para seguir "bromeando") sin embargo, para él era divertido decirme cosas fuera de lugar. Recuerdo que estuve a punto de colocar una queja en coordinación, pero el sólo pensar en el estima que este profesor tenía por parte de la universidad, sus colegas y estudiantes, fue suficiente para intimidarme, quedarme callada y buscar cualquier oportunidad para alejarme. Nunca he sido partidaria de actuar conforme a mi enojo contra un educador, pues mi madre es docente de profesión y eso me motiva personalmente a no ser temperamental en momentos de disgustos. Aprobar ese año no solo significó un avance para mí sino la tranquilidad de no volver a coincidir con él ni presenciar sus clases. Ya culminando mi carrera, en la presentación de electiva, él se encontraba allí como tutor del área que deseaba estudiar ¿Imaginen que hice? Decidí ver otra electiva con una profesora que nadie quería solo para no volver a repetir lo mismo. Semana antes de graduarme me busco para pedirme perdón, pues él hizo lo mismo con una compañera y ella si tomo otra postura en el asunto, le confronto tan fuerte que me mencionó y le dijo: "Por ese tipo de trato es que Wilmary decidió no tomar la electiva que quería, prefirió ver clase con la profesora "tal" antes que aguantarlo otra vez". Esas palabras le hicieron reflexionar, y me expresó que se sentía muy mal por afectarme de manera tan negativa. Que ahora entiende esa seriedad notoria que mostraba a la hora de tenerle cerca. Su justificación es que estaba acostumbrado a jugarse así con sus estudiantes pero con esta experiencia decide ser más cuidadoso con sus gestos, palabras y hechos. Está bien tener una personalidad definida y mostrarnos tal cual y como somos, pero debemos saber cómo tratar a nuestros semejantes. Hay gente que le gusta los juegos pesados y de doble sentido. Otros suelen ser amigables pero más prudentes. Seamos sociables sin violentar la integridad de los demás.

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