LEÓN! Había una vez un León… Este león era un poco peculiar pues había nacido totalmente negro. Sus ojos eran de un naranja intenso. El día en que nació toda la manada estaba realmente sorprendida, inclusive sus padres no salían del asombro pues nunca antes siquiera habían escuchado de un león que tuviese ese color. Al abrir sus ojitos todos quedaron aún más sorprendidos. Su madre era blanca y su padre del color de común. Ambos sin grandes rangos en la manada. Para su padre había sido una suerte poder unirse a su madre, pues generalmente una leona blanca es elegida por el León que domina la manada. Aquel cachorro tan singular ahora era muy apreciado por todos, algunos murmuraban que tenía algún poder dentro de si. Cada familia lo quería, cada macho iba fraguando un plan para llevárselo, huir con el y tener luego la manada más poderosa del lugar. Este pequeño jugueteaba todo el día, le gustaba ir explorando, cada pequeño animalito que divisaba llamaba su atención e iba tras el para cazarlo. Había fijado su atención en un pequeño conejo gris, de orejas caídas y ojos verdes como esmeraldas. Se agazapó y su ojos naranja fijaron el objetivo. El pequeño conejo sintió la mirada de aquel depredador y antes de emprender la huida lo miro fijamente. Al cruzarse las miradas ambos cambiaron lo que sentían, el león ya no quería cazarlo y el conejo no quería emprender la huida. Se fueron acercando sin que ninguno apartara la mirada del otro. Al estar frente a frente de sus ojos comenzaron a salir filamentos del color de cada uno, encontrándose aquellos filamentos naranja y verde, conectándose y penetrando el iris de cada uno. Habían hecho una especie de conexión y ambos ahora estaban entrelazados. A partir de ese momento ambos sabían lo que el otro, ambos sentían lo que el otro, ambos tenían las memorias y las habilidades que poseía el otro. Aquel pequeño conejo también era particular. La manda se encontraba en caos y desesperación, pues su pequeño león había desaparecido, todos discutían y se acusaban del supuesto rapto. Los padres estaban desconsolados. Los años transcurrían y aquel particular León no aparecía. Un buen día, cuando aquella manada había olvidado a ese cachorro, cuando todos estaban convencidos que nunca había existido y que sólo era el recuerdo de una historia de fantasía de aquellos dos Leones que aún decían ser los padres, aquel que ahora era un adulto de hermosa melena, volvía al lugar donde había nacido. En su lomo estaba su gran amigo, aquel conejo especial de orejas caídas y ojos verde esmeralda. Llegaban a cambiar el orden en el mundo, llegaban a llenarlo todo de luz, a impartir la sabiduría y el conocimiento que habían adquirido a lo largo de los años, donde recorrieron muchas tierras y entendieron que somos uno. Colorín colorado, este cuento medio raris se ha terminado. Feliz Martes de Leones y conejos especiales. Abrazos de Leona, porque aja! #MaravillosoLugarParaVivir #EnLeón
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