Ayer veía a mi sobrino partirse la cabeza con una tarea de la escuela, algo llamado fracciones, una cosa que no volví a ver en mi vida desde que dejé el bachillerato y mira que ya han pasado décadas de ese suceso histórico. Mientras veía su sufrimiento me puse a pensar: ¿Me sirvió de algo en el resto de mi vida resolver fracciones?. Sinceramente no, sin embargo esas fastidiosas operaciones fueron mi dolor de cabeza durante el 90% de mi niñez y el 100% de mi adolescencia, y de qué me sirvió? por supuesto, para darme cuenta que lo mío son las letras y no los números. Alguien me dijo: las fracciones las usarás siempre en tu vida, por ejemplo cuando quieras repartir la torta de tu cumpleaños o una pizza. Me puse a pensar de nuevo: jamás he repartido una torta de firma equitativa, el mejor pedazo me lo quedaba yo y lo mismo con el círculo italiano, que por cierto ya vienen cortados y el último pedazo siempre se pelota, se negocia o se deja para mañana punto. La verdad es que el pobre niño me dió lástima, todos en la familia le salimos huyendo a las matemáticas y por lo que puedo ver él no será la excepción, lamentablemente ahora es que le quedan años de sufrimiento pero por lo menos tiene una ventaja que yo y el resto de nosotros sus antecesores nunca tuvimos: aplicaciones en el celular que resuelven esas operaciones en segundos. Que suerte la de los millenials.
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