Hoy es jueves y por lo tanto sale uno de mis acostumbrados #TBT, algo que me sucedió de niño estando mi padre. Y es que cuando somos niños no tenemos mucha noción de los códigos de los adultos que por lo general te dicen u ordenan que hagas unas cosas o te comportes de tal forma mientras ellos no suelen aplicar lo que pregonan. Que si: "hijo di la verdad", "hijo pórtate bien siempre mira que Dios castiga a quienes se portan mal" me solían decir todo el tiempo, una situación que se amplificaba por el hecho de estudiar en una escuela católica. Mi padre me educaba de la misma forma como lo hicieron con él: correazo y manotazo en la nuca, a mis 6 años podía jurar que la mano de mi padre era del mismo tamaño de un racimo de plátanos por lo que contrariarlo implicaba recibir su 'caricia' en la parte posterior de la cabeza. En esa época se pensaba que los niños debía ser educados con mano firme, una correa de cuero o una chancleta bien flexible pero que pegue duro. Por lo general mi papá era quien iba solo a la ferretería a comprar materiales para su trabajo pero hubo una oportunidad en que me pidió que le acompañara. Tomamos una cesta y colocamos en su interior algunas cosas de construcción que ocuparon toda la capacidad de esta, paralelamente observo que mi viejo muy disimuladamente introduce una pequeña bolsa de tornillos en su bolsillo, una acción que pensé hizo porque al estar la cesta llena no tendría espacio para esos elementos que guardó en sus pantalones. Nos dirigimos a la caja registradora para realizar el pago de los materiales, uno a uno fueron facturados hasta que la cajera anuncia el pago total a la vez que mi padre va contando los billetes lamiendo el dedo pulgar; no sé por qué la señora de la caja le pregunta a mi padre si desea comprar algo más a lo que responde con un gesto de negación con la cabeza. Inmediatamente pasó por mi mente que se le había olvidado lo que llevaba en el bolsillo por lo que en seguida me dirigí a él y le dije en voz alta y señalando el lado de su prenda donde ocultó el objeto: "Papá los tornillos que tienes guardados en el pantalón no se te olvide pagarlos". Resulta curiosa la forma como mi viejo se puso colorado apenas terminé de hablar, a lo que metió la mano en bolsillo, sacó la bolsita con los tornillos agregó un par de billetes y se fue rápidamente, de hecho fui yo quien tomó la factura de lo raudo que salió mi padre del local. En la salida me esperaba el señor, sudando la rabia (y la vergüenza supongo) y sin decir nada el manotazo más duro que haya sentido en mi vida me lo estampó ese día mi papá, quien posteriormente me dijo "es la última vez que compro contigo". Ese día supe que los adultos son confusos, que esperan que hagas lo que dicen pero no lo que hacen.
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