Si hay algo más antiguo que el dinero, incluso que el trueque (el primer sistema económico conocido), es sin duda la deuda. El sentido de estar en deuda con alguien es tan intrínseco a la especie humana desde que existimos como sociedades, tanto que la mayoría de quienes en este instante me leen harían lo que fuera por ayudar a cualquier familiar o amiga/amigo cercano en apuros. Asimismo, el sentimiento de gratitud por la ayuda ofrecida nos acerca con humildad a esa persona que con empatía nos brindó ese apoyo material o inmaterial que necesitábamos para resolver una emergencia, por lo que experimentas el sentimiento de retribuir su gesto en el momento en que ese amigo/amiga sea quien requiera de tu ayuda ante una eventualidad. Antes de que la palabra deuda tuviera la connotación negativa con la que se asocia (y con razón) en nuestros días, contraer una deuda no implicaba necesariamente que tuvieras que rendir pleitesía a los deseos de tus prestamista mientras tu compromiso con esta persona no se hubiera saldado en su totalidad. De hecho, en aquella época una deuda era un compromiso vinculado a la visión religiosa de la sociedad, por lo que era común observar tanto a acreedores como deudores sanjaran sus compromisos a través del perdón como un acto de buena voluntad amparado por su fe. En el mundo cristiano y judío era muy común el acto de perdonar las deudas durante la celebración de los llamados *Jubileos*, de hecho en la famosa oración del Padre Nuestro destaca con gran fuerza una frase: "...y perdona nuestras deudas", que convenientemente siglos después fue cambiada por 'perdona nuestras ofensas'. Lo cierto es que el perdón de deudas de la gente rica hacia la pobre o entre iguales en la escala social no era una situación infrecuente. Otra cuestión es que en los albores del sistema monetario el dinero no se creaba de la nada, al contrario, su poder está directamente relacionado con la capacidad de vincularlo al oro como respaldo (tanto oro posees, tanto dinero tienes), se podría pensar entonces que era imposible practicar el perdón de las deudas, porque sí, el perdón de las deudas era una especie de válvula de escape que se utilizaba como última medida para eludir las presiones sociales, evidentemente para que quienes ejercían el poder pudieran mantener la cabeza sobre el cuello y sobre estas sus coronas. Pero con el inicio de la era del dinero fiduciario (o fiat), se nos vendió la idea de que con disciplina y confianza en un poder centralizado es posible obtener beneficios económicos para todos, por lo que endeudarse ya no era un compromiso sino una consecuencia del sistema. El problema es que a medida que los gobiernos se hicieron adictos a ese dinero sin valor (al fin y al cabo, ellos lo imprimen y el resto de la sociedad debe obedecer si quiere vivir), el endeudamiento dejó de ser una consecuencia para convertirse en un fenómeno completamente propio del sistema. Los bancos hicieron de la deuda su forma de vida, por lo que siendo los dueños del dinero obligaron al mundo a abusar de los préstamos e hipotecar el futuro, pero careciendo de la capacidad de perdonar a quienes les deben. Si no hubiera sido por la condonación del 50% de sus compromisos financieros tras el fin de la II Guerra Mundial, la poderosa Alemania y líder de Europa que hoy conocemos difícilmente existiría, pero hoy es preferible refinanciar que perdonar. La refinanciación de las deudas es una forma de prolongar la agonía de un deudor, ya sea un país, una institución o un particular; implica ceder tus bienes o propiedades a tus acreedores casi a perpetuidad (Grecia y Portugal) sin reducir ni un céntimo el compromiso financiero. La relación entre prestamistas y deudores/deudoras no es más que una forma moderna de esclavitud, la verdadera consecuencia del sistema fiduciario. Por supuesto, si eres quien se beneficia de la esclavitud tienes poco interés en perder a tus esclavos/esclavas, así que perdonar las deudas sería lo mismo que acabar con el sistema que crearon, sin embargo, por improbable que parezca, el modelo fiduciario está mostrando signos de colapso, el incalculable frenesí de las enormes deudas está llegando a un punto de no retorno, como una enorme olla de presión sin válvula de escape. En enero de 2021 las élites del Foro Económico Mundial reunidos en Davos, Suiza, nos dijeron en tono de advertencia: "vamos a cambiar el sistema, lo llamaremos *Great Reset*", donde básicamente proponen acabar con el dinero fiat pero sin dejar de lado la relación de esclavitud. Según insinuaron en Davos, la moneda dejará de ser física (como en Suecia o India), se movilizará a través de una Blockchain (como el Bitcoin), el oro volverá a ser parte importante del modelo financiero, además de plantearse abandonar la supremacía del dólar para dar paso a otra moneda gestionada por el Fondo Monetario Internacional, pero plantearse la posibilidad de perdonar los compromisos financieros adquiridos en los últimos 50 años no parece ser un método que quieran aplicar para poner en marcha este nuevo diseño económico. Independientemente del interés por cambiar el modelo (o más bien actualizarlo a una nueva versión), está claro que la posibilidad de convertirlo en un sistema más justo y libre no es un objetivo marcado por quienes proponen este cambio de paradigma y todo lo que intente alterar su rumbo será duramente combatido. Este es el caso de las criptodivisas descentralizadas y más concretamente del Bitcoin, una moneda universal, finita y altamente tecnológica que no puede ser manipulada (al menos en su emisión) por ninguna persona o institución, por lo que su desaparición implica un enemigo menos y poderoso para las élites. Ahora cada vez que te aproveches de los bajos tipos de interés y te entregues incondicionalmente a tu adicción al endeudamiento, piensa que eventualmente el precio del mismo puede variar al alza y no podrás hacer frente a tus compromisos, manteniendo tu lealtad al sistema diseñado para esclavizarte. Ya lo sabes, ¿ahora qué harás?
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