Yo soy su papá (cuento) Un día estás en tu taller trabajando la madera, creando una silla o reparando una puerta, al otro viene tu esposa y te dice: "amor estoy embarazada". No lo pude evitar, de la emoción solté mi martillo, y una sensación de alegría me sobrevino repentinamente, interrumpida por el inevitable choque de la pesada herramienta sobre mi pie. Pese a mi alegría en seguida noté la preocupación en María, mi esposa, una sensación que me decía: "epa José, esta noticia parece que tiene segunda parte" me recorrió el espinazo. ¿Pasará algo con el bebé?, quizás no me quiere decir que presiente que es niña, de ser eso pues no hay problema, un par de manos más apoyando en la cocina y con los deberes de la casa nunca están de más. Si es chico genial, un hombre más que me ayude en el taller de carpintería y se ocupe del negocio cuando yo no esté. La verdad, no sé por qué ese gesto de preocupación en su rostro, ya tengo todo planeado sea lo que sea que contenga su vientre. Sinceramente no me esperaba la continuación de la noticia, a ver, no es fácil digerir el hecho que otro hombre, así sea el ser más divino del universo aprovechando mi ausencia un día irrumpió en la intimidad de mi casa, le indica a la ingenua de mi esposa que fue elegida como la madre de Dios y acto seguido siembra su semilla en ella sin consultarle si estaba de acuerdo con esa decisión. Sin duda es una historia difícil de creer, empezando por el hecho que ese supuesto ser divino se refiera a mi mujer como "Virgen", a sabiendas que está casada conmigo. Ante las dudas, si eso que me dijo era cierto, lejos de generar un escándalo y exponerla al escarnio público por adulterio me detuve a pensar, ¿y si esto es verdad? Porque si la denuncio el castigo por ello es morir a pedradas, y sinceramente a mis 45 años me siento como de 90, no estoy para empezar de nuevo una vez más. Por otra parte, ¿qué mujer se querrá casar con un viudo en la pobreza, con cinco hijos y viviendo en una caja de madera a la que llamo hogar? Pero lo peor no sería eso sino tener las manos y la conciencia manchada con la sangre de la madre de Dios, no me podía arriesgar, seguirle el juego es la mejor opción. Debo reconocer que el temor a que los vecinos o el rabino se enteren de esta historia fue lo que me motivó a salir de la ciudad, imaginen, ¿cómo explico esta historia a la comunidad sin que ella quede como una "mala mujer" y yo como un "cornudo"? En un principio pensé, "bueno, quizás luego de un tiempo y en otra ciudad la historia cuele, quien sabe, de repente tenga sus beneficios ante la sociedad criar al hijo del creador del universo", sin embargo luego de su nacimiento me fijé que ese niño tiene mis ojos, es decir, es igualito a mi. Quizás para la posteridad Chuchito sea considerado como descendiente del Todopoderoso, pero para mi no hay ninguna duda: yo soy el papá del hijo de Dios.
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