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La marcha del perro viejo #Español #EnEspañol #Cuento #Improvisacion El coche nuevamente se quedó sin gasolina, para colmo estaba lloviendo, y la estación de servicio más cercana estaba lo suficientemente lejos para quejarme; pero entre caminar bajo la lluvia, y quedarme ahí, tal vez sería bueno estirar las piernas. Menos mal que caminé, en una esquina muy concurrida se encontraba esa hermosa mujer con esbelta figura, fumaba un cigarrillo de manera tal, que hizo que me tragara el chicle de la impresión, por un momento olvidé que necesitaba combustible. Este viejo corazón se aceleraba de nuevo, porque aquella mujer de rojo escarlata se acercó a pedirme la hora. Ni tonto ni perezoso, con mucho gusto le atendí su petición, lo que salió de su boca era tan dulce, que me hacía viajar a un universo de posibilidades: ¿Apuesto señor, me diría la hora y que hace a estas horas por acá? La adrenalina me corría por las venas, me acerqué a ella y respondí "Yo por aquí caminado, y admirándola bella dama" Aquella mujer sonrió, y se acerco lentamente a mi, Me entumecí, no podía creerlo, a mi oído se acercó: "Vaya con bien mi señor, que anda gente mala rondando estas avenidas". Mi caballerosidad brotó y solo dije: "Lo mismo digo bella dama, a esta hora una reina como usted debe ir a dormir" Una carcajada tierna soltó, pero sólo me dijo que no me preocupara, que ella ya estaba por irse, pero que agradecida estaba conmigo, ¡y hasta un beso me soltó! No lo creía, pero sabía que debía hacer, le dije que iba por combustible, pero que me esperara justo ahí porque nos divertiríamos. Ella aún riendo me dijo: "Tranquilo, veremos que pasa". Ya podía soñar una noche con semejante mujer, así que me apuré a llegar a la estación. Justo en la estación, recargo muy bien mi bidón, mi sorpresa para mí, era al momento de pagar, mi billetera no estaba. Lo primero que pensé fue que la dejé en el coche pero no, estaba seguro que la cargaba conmigo. Me dispuse a entrar a la estación para explicar mi infortunio, y con gusto iba a pagar con mi móvil con una transferencia. Sorpresa, mi móvil no estaba tampoco, me entraba un cólera terrible por la situación, porque ya sabía que era lo que estaba pasando. Pero no lo creo, no podía creerlo. Para variar, intenté secar mi sudor nervioso con mi chaqueta y... ¡Mi reloj tampoco estaba! La dependienta mira mi cara de angustia, y rápidamente me dice: ¡Sinvergüenza! Con voz firme le digo que no me ofenda, que yo soy un hombre correcto. Y en seguida me responde "Ni tan correcto porque como idiota usted fue otro que cayó" No hice sino aborrecer su respuesta, pero ya podía entender que pasaba ¡Fue la dama de rojo! Salí corriendo de la estación y hasta aquella esquina, y solo veía como se montaba en un coche negro, muy elegante, y a la distancia se veía como decía "Gracias por la hora" y reía plácidamente. Me robó el reloj y la billetera, y hasta el móvil. Como pude lamentar ese día, que la marcha de este perro viejo interrumpió, por un penetrante vestido rojo.

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