El hombre que sólo vendió su tiempo: Parte 5 #Español #EnEspañol #Post #Cuento Richard ya puedes celebrar, ya sólo falta una semana para tu gran triunfo, supongo que ya puedes ser un ganador. Esa fue la carta que Belcebú le dejó a Richard, cuando este despertaba en una casa vacía, llena de objetos y comodidades, pero llena de soledad. Faltaban sólo siete días para ganarle al diablo en su juego, pero muchas cosas habían cambiado. Estaba divorciado, y su esposa simplemente dejó de buscarlo, su hija, poco a poco entendió que su padre no estaba para ella. Era extraño, Richard les había dado muchas comodidades, pero aún así ellas no querían verlo. Su esposa se mudó con su madre. Prefería no estar en la misma casa que el espectro de Richard. En él no vivía un hombre sino más bien un espanto. Richard había perdido la poca humanidad que le quedaba, y con ello su cordura. Dejó de asearse, y así llegaba a la oficina. Nadie explicaba como un hombre así podía seguir en pie, y como podía seguir tan eficiente en su labor. Dentro de una semana, ese hombre sería el dueño de la empresa más poderosa del mundo después de todo. Los días pasaban lento, más de lo habitual, pero ya casi terminaba todo. No faltaba mucho para ser libre. sólo un poco más. Todo terminaba el lunes. Ya casi se imaginaba el poder abrazar a su hija de nuevo, y poder estar con su esposa nuevamente, lo ansiaba mucho, y saber que tendría una estabilidad económica, le brindaba una seguridad con la que seguir. Por fin llegó, el día ansiado está aquí. Richard ha ganado. Belecbú lo felicita y cumple su palabra. Todo lo que había pedido Richard lo tenía ante sus ojos: Una cuantiosa y ridícula cantidad de dinero para vivir 10 vidas a todo dar, y el control de una poderosa empresa. El momento de vivir ha llegado, se dejaron cosas atrás, pero se seguirá hacia adelante. Belcebú se despide, no se notaba molesto, había disfrutado el camino. Y ahora, sólo tocaba ver a Richard seguir con su vida. Al día siguiente, Richard tenía su momento ansiado, se aseó, afeitó y vistió muy elegante y se dirigía a casa de su suegra. Lo hizo a una hora prudente, en la que se sabía ya su hija estuviera y así volvería a verla. Y su esposa, oh sí, Richard ansiaba besarla de nuevo. Se dispuso a su labor, y después de un rato, fue a buscar a dos de las mujeres más importantes de su vida. Al llegar a la casa de su suegra, se sentía muy nervioso, como si de una cita se tratase, pero al asomarse a la ventana vi lo impensable: Ahí estaba quien fuera su esposa, con otro hombre, y la sonrisa y lo radiante que lucía era de admirar, realmente se veía feliz, el sujeto parecía un buen tipo, no tan adinerado como Richard pero mírenla, se veía feliz. Sin embargo poco importó Richard quería verla así que tocó su puerta. Quién abrió fue su hija, quien tenía una mezcla de emociones al ver al hombre en la puerta. Rabia tristeza, confusión y miedo. No podía reconocerlo, pero sabía que era su padre, o lo que quedaba de él. La pobre niña sólo salió corriendo a su habitación, su madre asustada fue hacia la puerta y cuando vio a Richard, su sorpresa fue tremenda, pero sus sentimientos, similares. Y sin dejarle tiempo a las explicaciones, con lagrimas en los ojos, sólo cerro la puerta y dejó a Richard ahí, sólo, como si el trato con el diablo siguiera. Richard dio dos años de su vida para darlo todo, y al final, no tenía nada. Con mucha calma volvió a su casa, y sólo se sentó en su estudio. Organizó sus cuentas, abrió su computadora, y le dejó a su hija suficiente dinero para no tener que trabajar jamás, a su ex esposa, le regaló lo propio para así, bendecir su nueva unión, y Richard, sólo pensaba y bebía. Al cabo de unas horas Richard se levantó, buscó una soga, se subió a una silla e hizo lo impensable: Acabó con su sufrimiento. Dos años de lucha, y solo disfrutó su fortuna por unas horas. Pasó más de un mes para que alguien notara que el fantasma que era Richard, estaba muerto en su casa. Nadie asistió a su funeral, excepto un hombre de traje negro y delgada figura. Era Belcebú. Quién luego de un rato se levantó y se fue. Al seguir su camino se topó con un enfurecido Dios que le preguntó: ¿Que le hiciste a ese hombre para que acabara con su vida, teniendo tanto por vivir? Belcebú sólo sonrió y dijo: "Sólo le di lo que quería, a cambio de mis condiciones, que con gracia aceptó, ahora, probablemente nos encontremos más tarde allá abajo, nos vemos". FIN.
Log in to join in Reading is open to everyone. Replying needs an account.
1 comment
Apareció Dios! Llevo esperandolo desde la primera parte! Jj Buen relato! Saludos