Siempre que quiero relajarme o meditar inevitablemente llega a mi mente la imagen de la inmensidad del mar. Desde los 16 años me recibió como hogar. Como a todo hombre de Mar. Su inmenso azul, cielo impecable y ese vaivén que ya va en el alma. En estos tiempos, ya retirado físicamente de el, épocas de aislamiento y distanciamiento es inevitable la nostalgia de aquellos días de felicidad, de esa época mágica de fluir y ser libre. Y evocando el lema de esa institución. “Navegar es necesario, vivir no es necesario”. Máquinas full avante, timón al medio.
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Yo tengo el mar cerquita de mi casa y es muy relajante ir a visitarlo de vez en cuando.