En ocasiones la necesidad, el apuro o la emergencia nos lleva a recurrir a hacer algunas reparaciones para salir del paso o lograr algo. Aunque esa reparación no sea la ideal. Es entonces cuando PARAPETEAMOS algo. Tal vez nos toque parapetear el carro para llegar al destino. O parapetear la computadora I el teléfono para que medio funcione y nos deje terminar de hacer un trabajo o sacar archivos. Un lavaplatos, el baño. Pero nunca son soluciones definitivas o adecuadas. Se va a volver a dañar. Aunque proviene del italiano “parapetto” pechera utilizada por los soldados romanos antiguos para proteger el pecho también se llama así en la guerra aquella construcción que se realiza para protegerse del fuego enemigo y que se arma con lo que se tenga a la mano. A veces parapeteamos cosas “mientas siempre”. Y así se quedan. Y cuando vemos todo está hecho un rancho. #Español
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jaja, quién en la vida no ha parapeteado algo, ah? Todos en algún momento lo hemos hecho. Claro, siempre quedamos y vamos asustados con lo que acabamos de remendar, puesto que sabemos durará poco.