Hoy fui a la panadería donde suelo comprar el pan. En la caja estaba la señora que casi siempre me atiende en las tardes. Ya como me conoce, siempre me saluda e intercambiamos un rato de conversación cada vez que me ve comprando. Hoy cuando le pregunté cómo estaba, me contestó sinceramente que se sentía decaida de ánimos. Tal vez le inspiré confianza y empezó a contarme las cosas que la tenían en ese estado. Hasta tenía los ojos rojos y llorosos. De pronto, como que se dio cuenta y me dijo que no quería hacerme perder tiempo. Realmente, no tenía nada urgente que hacer por lo que podía tomarme un tiempo más, así que le dije que no había inconvenientes. Siguió contándome sus inquietudes un rato más. Ya cuando fui a retirar el pan y la vi atendiendo a otros clientes, tenía mejor semblante. Creo que sin proponérmelo, hice mi buena acción del día. A veces, las personas no necesitan nada más de nosotros, sólo que los escuchemos. La gente está tan encerrada en sus propios problemas que muy pocas veces nos damos cuenta que escuchando a alguien aunque sea unos minutos, tal vez les estemos ayudando mucho más de lo que podríamos pensar. Espero sinceramente que la señora se sienta mejor mañana, porque siempre que la veo es tan animada y amable y hoy parecía otra persona. ¿Te ha pasado alguna experiencia similar? Foto cortesía de Pexels https://www.pexels.com/es-es/foto/mujer-vestida-con-la-parte-superior-azul-junto-a-la-mesa-1181712/ #sliceoflife #reflexión #daytoday
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