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CUENTOS DE NAVIDAD NO TAN NAVIDEÑOS Vol.2 El DESEO DE NAVIDAD. En un pueblo no muy lejano, con la llegada de las fechas decembrinas, sus calles eran decoradas con guirnaldas y luces de todos los colores, grandes lazos, muñecos de nieve y por supuesto sus calles llenas de alegría. Había una gran pastelería, donde se conseguía todo tipo de pasteles, galletas y dulces referentes a la época. El pastelero era un hombre humilde con un talento increíble pare preparar y crear maravillosas recetas. Vivía en la misma pastelería junto a su pequeño hijo, el cual cuidaba solo, porque su esposa al igual que su otro hijo habían fallecido años atrás en un accidente en la panadería. Juntos atendían y preparan las mejores creaciones para sus clientes. La especialidad eran las galletas, especialmente los muñecos jengibre, era muy reconocido por eso, y hasta los preparaba del tamaño de una persona Real para decorar las vitrinas de la pastelería. Pasaban horas preparándolas y decorándolas, Siempre le decía a su hijo que eran muy especiales porque lo hacían recordar a su hijo fallecido. El niño veía como su padre les hablaba y cantaba y podía ver como también se ponía triste en ocasiones. Un día le pregunta al padre que cuál sería su deseo para navidad. Que sería lo que más quisiera tener, a lo que el padre le dice, volver a tener a su otro hijo junto a el. El niño en su inocencia le dice que le va a pedir a Santa ese regalo para navidad por lo que el padre le dice, que eso es imposible ya que Santa no puede hacer ese tipo de cosas. Noches previas al día de navidad El niño se quedó hasta tarde preparando la galleta más bonita que había hecho, usó los colores favoritos de su padre, la decoró a la perfección y la guardo. Le escribió una carta a Santa pidiendo que no quería nada para él, pero quería que por favor hiciera que esa galleta tomara vida para hacer feliz a su padre, le relató en algunas páginas lo que había pasado con su madre y hermano. Se podía ver como en el papel habían marcas de gotas secas de algunas lágrimas que callaron de los ojos de aquel niño mientras la escribía y describía el gran anhelo de darle ese gran regalo a su padre. En la mañana de navidad, el niño llega a la pastelería junto a su padre para conseguirse con la sorpresa que su deseo se había hecho realidad. Allí sobre el mostrador estaba aquella pequeña galleta moviéndose cual niño de verdad. El pastelero no podía creer lo que estaba viendo, mientras el niño contento corría por toda la tienda gritando que Santa había cumplido su deseo!!! Luego de la impresión y a medida que pasaron los días se fueron acostumbrando, al nuevo integrante de la familia. El niño podía ver como su padre poco a poco recuperaba la felicidad que hace años había dejado atrás. Los tres pasaban todos los días juntos trabajando y disfrutando entre ellos. Así transcurrieron los días, meses y unos años, pero a medida que el niño crecía podía ver como su padre iba forjando una mejor relación con el muñeco de jengibre y él poco a poco iba quedando de lado, ya no compartían tanto como antes y toda la atención era para el muñeco de jengibre. Esto fue haciendo que aquel niño, ya ahora un adolescente. Comenzara a sentir ciertos celos y envidia de la relación entre ellos, donde claramente ya el no era muy bien recibido. Sus celos aumentaban y unido a la etapa de adolescencia en que se encontraba, era un mezcla algo peligrosa. Llego nuevamente la época navideña, ya el pastelero era algo mayor y su estado de salud no era muy bueno, por lo que su rendimiento no era el mismo, le costaba seguir el ritmo por lo que vio la necesidad de ceder el control de la pastelería. Su hijo emocionado porque su trabajo durante todos estos años lo harían ser el elegido para continuar el legado de su padre, y procedió hacer planes y estrategias para dicha temporada. Un día mientras estaba preparando las masa para las galletas, su padre lo llama para hablar aprovechando que había mandado al muñeco de jengibre hacer unas compras. El joven pensó que había llegado el momento donde le pasaría el mando del negocio familiar. Se sientan a tomar una taza de chocolate caliente, El joven no podía contener la emoción y a la expectativas de la buena noticia. El padre luego de unos cuantos halagos le dice que ha decidido cederle el control de la pastelería al muñeco de jengibre. El joven queda completamente desconcertado, y comenzó a tratar de convencerlo de que la mejor opción era él, algo que el padre ignoró por completo diciendo que ya estaba hecho y era su decisión final. El muchacho enardecido por esa actitud, lo tomó por el brazo, lo cargó y arrojo sobre el mesón donde estiraban la masa de galletas y procedió a cubrir a su padre con dicha preparación para luego meterlo al horno junto a las otras galletas que estaban previamente hechas. A los minutos suena la campanita del horno avisando que había terminado el tiempo de cocción. Procedió a retirarlas y dejarlas enfriar para decorarlas. Utilizando esta vez sus colores favoritos comienza a decorarlo. utilizó botones hechos de gomitas, le coloco ojos color azul como los de su padre y acomodo junto a la puerta de aquella gran pastelería. Al rato llega el muñeco de jengibre con las compras y ve al joven sentado en la mesa junto a una taza de chocolate. cuando se acerca al joven, esté lo toma y sumerge de cabeza en aquella humeante taza para luego darle unos cuantos mordiscos disfrutando así a medida que consumía toda la galleta. Luego de terminarla se levantó sacudiéndose las boronas restantes y se dirijo como si nada abrir las puertas del negocio, donde su mayor atracción ese año fue el estupendo y gran muñeco de jengibre tamaño real que adornaba la entrada. Fin.

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