Las circunstancias de la vida aparecen frente a nosotros como una montaña. Desde abajo se ve imponente, inconmovible. Puede parecer fácil de escalar hasta que emprendemos el ascenso. Allí comenzamos a sentir el trabajo que lleva hacerlo, pensamos en desistir y cavilamos en nuestros pensamientos. Pero si somos constantes, a pesar de la fatiga, podemos ver qué todo era momentáneo y que teníamos dentro la fuerza para lograrlo, y estando arriba, animar a otros a qué experimenten su potencial y logren las metas que se propongan. Desde las alturas, podemos ver paisajes que no se ven abajo; nuestra visión de las cosas se amplia y nos deja ver qué pertenecemos a las alturas, a una vida de excelencia dónde no hay límites
2 comments
Muy cierto , a veces la oscuridad de los momento difícil no nos dejan ver la luz al final de tunel. Es necesario buscar la luz interior para ver con claridad
Así es, Mirelbis