Lo que más me produce satisfacción en la organización de eventos, es el orden de las cosas para darle ese toque que tanto gusta a la gente. La felicidad también ocurre al momento de sentarse a la mesa a disfrutar de la comida, de las bebidas y todo el adorno que está sobre ella. Son esos detalles por los que muchos, incluyendo a los novios agradecen, por hacer especial su día de bodas. Hacer las cosas porque me pagan por eso, no da ese toque que hace increíble el momento. La pasión por servir a los demás sí; estar atento a cualquier cosa que necesiten, dispuesto y preparado para proveer lo necesario y no hayan errores ni fallas al momento de servir, vale más que cualquier cantidad de dinero. Una cosa es cierta: si me dedico a hacer mi trabajo de la forma más perfecta posible,el dinero vendrá como consecuencia. ¡Eso es la ley de la atracción! No es que me concentre en algo, sino que, cualquier cosa que piense hacer, lo haga desde el corazón, con amor y el mayor disfrute posible. Es allí donde comienza a ocurrir la magia.
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