Me gusta encender el fuego de la estufa de leña para apaciguar el frío otoñal, pero más me gusta disfrutar del movimiento ondulante de la llama y el color de las brasas. No me trae recuerdos porque en Maracaibo es no necesitamos de este medio para calentarnos, pero de alguna manera relaja mi mente para dejar fluir pensamientos de paz, de oportunidades, de convertirme en una mejor versión de mí mismo cada día.
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