Cuando ya no quedaba esperanza. Cuando las nubes del tedio cubrían mi visión. Cuando la muerte me susurraba tiernamente. Tomaste mi mano, abriste las ventanas de mis temores. Fuiste desde entonces, todos los amaneceres. Encendiste mi cielo con tu luz. Te dedico este amanecer y todos los amaneceres que ves por el resto de la vida es que son amaneceres de diciembre muy hermosos
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