Usted, mi calma y mi tormenta. Gracias por elegirme cada día, a pesar de mi tan compleja identidad, siempre sabe cómo apaciguar mis miedos y susurrarme al oído esas palabras que añora mi corazón herido. Gracias por leerme poesía cada vez que mi alma se siente apagada y vacía. Con usted me sabe a gloria la vida, con usted cada día es una melodía que cura, que alegra. Con usted, he aprendido a mitigar mis dolores, pues sus manos al rozar mi piel, sana. Todo aquí dentro y fuera de mí, sana. Usted es ese ser que llegó, se instaló y ha decidido pasar sus días a mi costado.
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