Si algo me ha enseñado la experiencia, fue a no asociarme a crear emprendimientos con una pareja. Cuando termine la universidad me asocié con uno de mis profesores para hacer asesorías y realizar talleres en el área de rehabilitación. Mientras trabajaba sólo con el no hubo mayor problema, teníamos una oficina amplia en un lugar quizás poco céntrico pero muy accesible, siempre teníamos la visita de nuestros clientes durante toda la semana. Todo marchó bien hasta que tuvo la "genial" idea de incluir a su pareja en el emprendimiento. Ella era una mujer de trato agradable, parecía buena persona y tenía ambiciones. Su primera intervención fue la de cambiar a una oficina más céntrica, al estar ubicada en un lugar de mayor accesibilidad, el alquiler era cuatro veces más caro, pero nos convenció para mudarnos bajo el pretexto de que con una pequeña subida en los precios se solucionaba todo. Tristemente, lo que provocó fue que nuestros antiguos clientes nos fueran abandonando al no poder costear el costo de nuestros servicios. Luego se autoproclamó la líder del grupo y administradora, quebrando la empresa en unos pocos meses. Le hacía las observaciones al profesor sobre el comportamiento de su pareja y solo obtenía quejas de que yo no entendía, que cuando tenga pareja sabría por lo que el pasaba. Simplemente no era capaz de hacerle ver sus errores a su pareja porque tenía miedo a molestarla o a pelear con ella. Allí se perdió una amistad de años y desde entonces estudio mis posibles sociedades antes de involucrarme en un proyecto. No me asocio ni con parejas ni con familias a partir de aquí.
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