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@Mady

Estaba mirándolo a través del espejo, largo, liso, algo jorobado. Lo halaba y dolía, era el pelo negro de mi oreja, justo en ese lugar que se llama pabellón; y no precisamente el de la cárcel, si el de la oreja. Ahí, estaba el pelo. ¿No sé? Si hay tantos sitios donde los poros de la extensa piel, el órgano más extenso que existe, se apartan para que crezcan estos diminutos y flacuchos hilos de proteínas desnaturalizadas que se hacen llamar pelos. ¿Por qué, justo ahí vino aparecer uno para mí? Tomé una pinza de cejas y terminé hablándolo, resbaló y no salió. Ja, ja, ja, dije:¡na!. Tú vas a ver, Tomé una tijera y zaz lo corté. ¿Y qué creen? El muy desnaturalizado quedó en su punta que ahora me pincha. Uf, hasta aquí el valioso encuentro entre mi pelo y yo.

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