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@LuzMB

¿ES DIFICIL? SÍ, MUCHO CON DEMASIADO… ¿ES NECESARIO? TOTALMENTE!... anoche, en la madrugada leí un post que me dejó pensativa, no solo porque viene de dos personas muy especiales e importantes para mí, como lo son mis hermanos de la casa virtual @RebeJumper, sino porque el post habla de una festividad solemne que ellos celebran y que en mi humilde opinión todos los seres humanos del mundo sin distinción de religión deberíamos celebrar, todos deberíamos seguir su ejemplo… La festividad se llama en español “El día del Perdón”, les invito a pasar por la casa virtual de ellos y leerlos… Rebe y el Dr. Benjamín, mis hermanos, me inspiraron a escribir hoy. Les cuento… Cuando yo tenía 17 años pasé por un dolor muy grande, tan grande que se convirtió en una rabia profunda, en un odio que me susurraba al oído que la venganza era lo justo, que el ojo por ojo y diente por diente era lo justo, mi dolor me convertía en víctima, en juez y también en verdugo. Esa rabia desapareció mi sonrisa, apagó mi luz, me sumergió en la oscuridad y se había llevado hasta mis ganas de vivir, por un corto tiempo ese odio hizo que le soltará la mano a Dios… En el fondo me sentía mal porque sabia que mis rencores eran dañinos y me avergonzaba tener pensamientos de ira y de venganza. En ese poquito tiempo y siendo una adolescente pude conocer la desdicha, pude sentir la más profunda y terrible soledad, una tiniebla espantosa que te nubla, que solo te hace sentir dolor, confusión y miedo, todo esto era producto del odio que se había metido en mi cabeza y me hacia llorar hasta secarme y que no saliera ni una lágrima más, para convertirse en un nudo en la garganta que me ahogaba. Me habían causado una herida mortal, la cual yo misma provocaba que se hiciera más profunda, porque cada vez que recordaba llena de rabia lo sucedido esa herida se abría y cuando me entregaba a la depresión dejando hasta de comer por solo vivir revolcándome en mi chiquero rancio de odio, lo que hacia era podrirme el alma y matarme en vida. Yo había dado permiso y hasta contribuido en que el dolor que me causaron casi terminara con mi existencia y una monjita del colegio habló conmigo, ella escarbó entre tanto dolor y llegó a ese rinconcito donde mi alma estaba escondida y me habló desde el amor, desde la bondad, me recordó quien era yo y que la única manera de recuperarme, de sanarme era “Perdonando” y tomar de nuevo la mano de Dios y no soltarla nunca más, que en los momentos de angustia y dolor él fuese mi refugio. No es fácil perdonar, no lo es! Pero es necesario, es liberador, es el bálsamo del alma, el perdón es el olvido más saludable… El perdón es la palabra mágica que salva cualquier relación quebrantada, cualquier corazón herido y cualquier alma afligida. Cuando uno de nuestros afectos nos lastima el amor que le tenemos hace que el perdón llegue de manera automática, aún antes de que ellos nos pidan disculpas, ya nosotros le hemos perdonado totalmente, pero cuando el daño viene de personas desconocidas el perdón es un “Acto Heroico”, es difícil, hay que vencer en nosotros el rencor, el orgullo, la soberbia, el dolor, la rabia… No es fácil! Es un proceso, que puede tomar horas, días, años y hasta la vida entera… Pero es necesario, porque el perdonar también es un acto de amor propio. Yo perdoné y más nunca me permití sentir un mal sentimiento por nadie, ni por las circunstancias ni por nada, en mis 45 años no he vuelto a dejar que el sufrimiento me apague, no he vuelto a dejar que los resentimientos habiten ni en mi cabeza ni en mi alma, porque el día en que Dios me llame quiero irme ligera de equipaje, sin nada que me pese, ni nada que me ate, quiero irme con la tranquilidad de haberle hecho bien a todo el mundo que se cruzó así sea de manera fugaz por mi camino. Saludos para todos y bendiciones miles ✨ P.D: Por favor les invito a ver la película La Cabaña, es hermosa, la vi hace pocos años, cuando siento que necesito recargarme de amor y de perdón, veo está película sanadora. En español se llama “La Cabaña” y en inglés “The Shack”, es con la actriz y ganadora del Oscar Octavia Spencer y el actor Sam Worthington.

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