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@Loucy

OJOS QUE NO VEN... #Español #Curiosidades #Oculista #MundoQuemado Ayer me pasó una cosa realmente singular que me impidió acercarme a cualquier pantalla. En realidad, a cualquier cosa brillante. Es posible que muchos de ustedes ya lo sepan o lo hayan vivido, pero para mi era algo totalmente desconocido. Resulta que tenía cita con la oculista. Una revisión corriente de esas que me hago cada dos o tres años. Puro control de la vista. A la oculista se le ocurrió que tenía que ‘dilatarme las pupilas’. Me metió tres gotas en cada ojo que escocían como si me estuviesen tirando sal. ‘Aguanta sin cerrar el ojo’, me decía. ‘Tu puñetera madre va aguantar’, pensaba yo mientras fingía como que sí. Total, que me deja allí con aquello metido en los ojos, con la orden de mantener los ojos cerrados un rato para contener el líquido dentro. Y allí me quedé, con los ojos cerrados, pero lagrimeando como una plañidera en un funeral. Al de un rato, volvió. ‘Ya puedes abrirlos’, dijo. Y claro, yo me lo creí. ¡Según abrí los ojos el mundo estaba borroso y brillaba como una foto quemada hecha a contraluz! ¿Qué demonios? Solo veía muchísima luz brillante y alguna que otra sombra. En fin, que me hizo sus pruebas y sus cosas con aparatos que no alcancé a ver. ¡Todo era luz! ‘Todo está bien. Ahora no te preocupes, verás borroso durante 3 o 4 horas, pero luego se te pasa’, me suelta. ¡3 o 4 HORAS! ¡Tengo que ir trabajar! ¡Estas cosas se avisan! Llamé al trabajo mirando al móvil casi con los ojos cerrados para evitar la luz, desde un baño que estaba prácticamente a oscuras. Entonces vi mi cara en el espejo. Tenía los ojos de alguien que se ha pasado la noche en una ‘fiesta rave’. No había iris. Era todo pupila. A duras penas, volví hacia mi casa, mirando al suelo, con los ojos semicerrados y con una mano sobre ellos para evitar la luz. Vampiro mode on. Tenía miedo de cruzar alguna calle y que me atropellaran porque no podía ver nada si alzaba la mirada. Así que entré en una tienda de ‘todo a 1 euro’ y me compré unas gafas oscuras de plástico, que eran más bien parte de algún disfraz (de gafas tenían solo la forma), pero que me sirvieron para atenuar la luz que percibían mis ojos hasta llegar a casa. No sé que pensaría la gente de mí. Supongo que algo como: ‘mira que penita de ser humano. Las 11:30 y volviendo de fiesta. ¡A saber que se ha tomado que aún va dando tumbos, palpando las cosas y con unas gafas ridículas!’. ‘¡Pues no! ¡Venía de la oculista, listillos/as!’, les grito desde aquí a quienes pensaron algo así. GRRRRR. Me metí en mi casa-cueva, a la penumbra, y decidí dormir un rato para descansar los ojos y que pasaran las 3 o 4 horas del efecto de aquella cosa que me habían puesto en los ojos. Me desperté mucho mejor… pero no del todo. Cuando fui a mirarme al espejo para comprobar si las pupilas habían vuelto a la normalidad, una sí, pero la otra aún estaba dilatada. La pinta de ‘persona desquiciada’, con un ‘ojo grande’ y ‘otro pequeño’ no me la quitaba nadie. Pero ¿qué demonios hacen ahora los oculistas? ¿Qué ungüento es ese? Por lo visto, es un procedimiento muy habitual que mucha gente de mi entorno conocía. Pero para mí era algo totalmente nuevo que me resultó realmente sorpresivo. A la próxima, voy con mis propias gafas, y con el día libre ya solicitado. Deberían avisar de estas cosas. Anda que… @Loucy

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