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DE LA ALGORITMOLOGÍA A LA ALGORIMÍSTICA #Español #DesdeMiPerfil #Reflexión #Humor Al contrario que en la historia de la humanidad en la que la fe dio paso a la razón, una involución pareció acontecer en aquel témenos del mundo social de la criptodivisa verde. Si en un principio la ciencia de la algoritmología produjo personajes que esgrimían un ‘pseudoexpertise’, capaces de descifrar todo el misterio de la complejidad digital a través de la observación empírica directa, parece que nos adentramos en una etapa de fe que nada tiene que ver con la racionalidad, sino mas bien con el misticismo. Los/las expertas algoritmólogos/as, inventaban delirantes lógicas, trucos y triquiñuelas para comprender el mundo que nos rodea. Al menos, empleaban argumentos más o menos racionales (aunque igualmente ficticios y peregrinos) para sostener sus afirmaciones. Hablaron de sobreactividad, de sesiones, de IP, de caché… y de otras teorías argumentando que, en el mundo digital, todo es monitorizable. Había una inteligencia artificial omnisciente e invisible, que sin embargo todo lo veía. Pero al menos, se podían deducir racionalmente cuáles eran sus mandamientos. Al menos eso era lo que se buscaba. Cuando se descubrió que su expertise solo obedecía a unos delirios de grandeza comenzaron a matizar sus discursos hacia lo subjetivo. ‘Según mi observación’, ‘Solo en mi opinión’, ‘A partir de mi experiencia personal’, etc. se fueron añadiendo como coletillas a aquellos argumentos racionales, aunque fallidos y espurios. Llegados a este punto, se abrió la etapa de que toda opinión, experiencia u observación era válida e igualmente respetable (craso error, por otra parte). Se comenzó con experimentos peregrinos que concluían en el más puro ‘terraplanismo’, que consistía en negar repetidamente la más pura evidencia porque esta no se ajustaba a los resultados esperados ni a las premisas de partida, que tan fervientemente habían divulgado. En lugar de admitir la ineptitud, se insistiría en ella como una huida hacia adelante, pero también como maniobra de distracción y engaño. Y así comenzó la etapa algorimística que ya no atendía a razones sino a creencias personales, sin fundamento, pero con mucha fe y mucha pasión. Cuajaron dogmas que resultan axiomáticos en la ‘mística del algoritmo’, pero que no soportan ni una ligera revisión racional. Ni siquiera como teorema que, pese a que no se pueda demostrar, tampoco se puede refutar. Solo con un pretest (ni siquiera es necesario llegar al test), caen por su propio peso. Lo que no impide que esa mística siga divulgándose. Se trata de una involución a la época de los escribas, conocedores únicos de la voluntad de Amón, el oculto. Absurdas prácticas arraigaron por dogma de fe, que aludían a que había obligación de poner el corazón en cada entrega porque si bien no estaba lleno, al menos algo contenía. Y ciertamente, contenía al menos menos el poder de la mística, una creencia absurda, llena de ilusión, pero de nada más. Cuajaron cuestiones sobre palabras prohibidas a los oídos de las deidades, líneas mínimas para recitar las oraciones y profetas del apocalipsis tocando una flauta que arrastraba a una masa de roedores de un lugar a otro, buscando terrenos más prósperos para parasitar. Todo ello no hacía más que subrayar la ‘insoportable necedad del ser’* condenado a las masas a repetir, una y otra vez, un ciclo parasitario en una suerte de eterno retorno a ninguna parte. Y en efecto, a ninguna parte se retornaba dado que se trataba de una mística errante y nómada a la que solo le faltaba recomendar expulsar el humo de un selecto puro habano sobre el monitor, o bien, escupirle un exclusivo trago de ron macerado por más de 12 años en lugar de ingerirlo y disfrutar de la experiencia. Naturalmente, estos los místicos de Hamelín, disfrutaban en privado de lo que quedase del habano, bañado en el ron sobrante del ritual. Pero eso lo hacían cuando los roedores que lo habían aportado no estaban mirando. @Loucy *Próximamente: ‘la insoportable necedad del ser'

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