LA PRIMERA CIUDAD #Español #Ciudades #Historia #Antropología Vere Gordon Childe, un arqueólogo de origen australiano del siglo XIX, denominaba ‘revolución neolítica’ a ese periodo de la humanidad en la que se pasó de vivir en aldeas o en tribus nómadas a establecerse y aglomerarse en ciudades. Como curiosidad, pese a que los estudios de Childe tienen más de 100 años, gran parte se siguen tomando como referencia. ¡Incluso por el gran doctor y arqueólogo aventurero Henry Jones Jr., conocido también como Indiana! Por ejemplo, en ‘la calavera de Cristal’ cuando Indy irrumpe en moto en la biblioteca y cae al suelo, un alumno empollón despistado le pregunta sobre alguna referencia. Jones le suelta: ‘¡olvida eso!, lee a Gordon Childe sobre el difusionismo’. Parece que algún guionista realmente se documentó bien XD. En efecto en algún momento las ciudades comenzaron a aparecer en lo que el estadounidense James Henry Breasted, otro historiador y arqueólogo de la época, denominó el ‘creciente fértil’. El creciente fértil es la zona en forma de media luna que abarca desde el Tigris y el Éufrates hasta el Nilo. Es decir: Mesopotamia y Egipto. No tiene interés hablar mucho de eso que seguro que más o menos lo hemos estudiado en secundaria. Pero aquí algunas cuestiones que se suelen contar que, cuanto menos, son imprecisas: a) La agricultura posibilitó la vida sedentaria que hizo florecer a las ciudades. Claro que sí. La agricultura (sembrar, trabajar los campos y cosechar) fijaba a las personas a la tierra al mismo tiempo que le servía de fuente de alimento constante y eso facilitó el sedentarismo. Pero resulta que muchas aldeas nómadas y transhumantes ya conocían la agricultura. Lo que sucede es que no tenían necesidad de trabajar la tierra, precisamente por su fertilidad. Muchos grupos de humanos, sencillamente cosechaban un área (cereales que crecían salvajes, sobre todo), se marchaban de la zona y seguían con su vida nómada, para volver la temporada siguiente. La propia naturaleza, las crecidas de los ríos que renovaban el suelo, etc. permitían que allí creciese el cereal por si solo y de manera natural. No había por qué hacer nada ni quedarse mirando. b) En varias ciudades antiguas no se han hallado pruebas de una gran actividad agraria (utensilios de labranza, molienda…) pero sí muchísimos ornamentos y tallados. Estos yacimientos se suelen interpretar como lugares que, por algún motivo, resultaban ser puntos idóneos para el comercio. Resulta que pudieron convertirse en asentamientos permanente gracias a los intercambios (y no por la agricultura), ya que los lugares en los que se situaban, resultaban ser comercialmente estratégicos (un valle donde se encontraban los distintos grupos humanos, o a la orilla de un río, no por su fertilidad, sino porque el río se empleaba para transportar mercancías). c) Por último, y relativo a las aldeas que serían las ‘proto ciudades’, es clásica la imagen del hombre cazador y la mujer recolectora. Pues resulta que ya son varios los estudios que señalan que las variedades de cereal de aquella época no tienen nada que ver con las de ahora. Dicho rápido: eran mucho más grandes y mucho más nutritivas. Básicamente cosechar un par de horas te daba para alimentarte durante un mes. Las mujeres, los niños y los ‘ancianos’ eran proveedores de la mayor parte del alimento, cosechando y capturando pequeñas presas. Los hombres, también se dedicarían a ello, aunque en menor medida. Sobre todo, dirigían sus esfuerzos a construir, reparar, a ahuyentar fieras y, muy de vez en cuando, a cazar alguna presa más grande. En estas aldeas, se vivía pues en comunidad, tal vez con división del trabajo por sexos, pero sin que uno se supeditase al otro. Vivían en una gran ‘habitación comunitaria’ donde se comía y se dormía en conjunto. Es decir, que no se tiene noción de la propiedad privada. Mucho menos de la propiedad privada de personas (esclavos/as), que, sin embargo, se hará evidente con la aparición de las ciudades. Un detalle curioso: en las aldeas tampoco habría un jefe o gobierno vertical. Si acaso, un consejo de ‘ancianos y ancianas’ como órgano de consulta. Ellos y ellas eran la memoria viva de la aldea y habían vivido situaciones dispares que para los más jóvenes eran nuevas, así que les pedían consejo. Pero ojo cuando lean ‘el consejo de ancianos’ en un libro de antropología. Teniendo en cuenta la esperanza de vida, puede que esos ‘ancianos’ no superaran los 40 años de edad. Digamos mejor, ‘los mayores de la aldea’. En fin, que ahí, en el creciente fértil, algún grupo creció más de lo debido y decidió organizarse de una manera menos comunitaria y con un gobierno más vertical. Así aparece la que se considera la primera ciudad conocida de la historia: Uruk. ¿Pero fue realmente la primera? @Loucy
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2 comments
cada vez me quedo asombrado con estos datos que nos entregas, esta vez referente a la aparición o formación de las ciudades.
Una vez más, tremenda clase, ahora la pregunta obligada ¿Cómo fue liderar un consejo de esos? ¿Te dió muchos dolores de cabeza? ¿Los problemas de antes eran peores a los de ahora? Espérate atento. Un besote jefa linda jajajaja