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INTELIGENCIA ARTIFICIAL: EL AVAL CIENTÍFICO… A VECES #Español #Divulgación #Cibernética Les contaba en ateriores post que la IA tiene su origen en la cibernética de Norbert Wiener, matemático que colaboró con las fuerzas estadounidenses durante la 2GM. Pero que el hombre se enfadó bastante cuando vio para qué se emplearon sus avances científicos. No sería el único científico, escuchado solo parcialmente. Muchos conocen la carta Einstein-Szilard que Einsten firmó solicitando al presidente Roosevelt que se apresurase a desarrollar la tecnología atómica antes de que lo hicieran los nazis en un contexto bélico. El gobierno estadounidense le hizo caso porque ‘así lo recomendaba la ciencia’. Pocos saben que, tras la destrucción generada, Einsten envió otra carta en la que le impelía al desarme y señalaba que las ventajas estratégicas de semejante fuente de energía no compensaban en absoluto sus riesgos. Pero entonces no se escucharon las ‘recomendaciones’ de la ciencia. Muchos conocen a Robert Oppenheimer (llamado a veces 'doctor muerte') por ser el “padre” de la bomba atómica. Digamos mejor que la bomba atómica tuvo muchos padres y no solo Oppenheimer. Seguro que lo saben, pero si no, se lo cuento. El desarrollo de este artefacto fue codificado como ‘Proyecto Manhattan’. En él trabajaban muchos científicos, pero de manera aislada. Uno desarrollaba un sistema de guiado de balística, otro trabajaba en un artefacto implosivo, otro en una esfera de berilio, etc. Pero ninguno sabía para qué sería utilizado su ingenio. Cada cual trabajaba aislado ignorando lo que realmente estaba produciendo. Así que Oppenheimer no fue el único padre, sino un buen puñado de científicos que trabajaban sin saber los que estaban construyendo por ‘motivos de seguridad’ (no fuese que se filtrasen los avances al enemigo). Pero pocos saben que tras Hiroshima y Nagasaki, Oppenheimer se negó a trabajar en la bomba H (de hidrógeno) y alentó a sus colegas a dejar de colaborar con Defensa. Entonces tampoco se escuchó a ‘los científicos’. La ciencia no avalaba semejante empleo de sus avances. Lo mismo pasó con la cibernética de Wiener. Muchos conocen a este matemático por su ‘Cibernética o el control de animales y máquinas’ (nótese animales y máquinas), pero pocos conocen la obra Cibernética y Sociedad donde subraya que la cibernética puede aplicarse a máquinas y seres irracionales, pero no a seres humanos que gozan de libre albedrío. Aplicar la cibernética al humano sería poco menos que tratar de limitarlo, condicionarlo... y esclavizarlo. La obra, no se lo pierdan, se inicia con una carta personal de Wiener rechazando de plano la invitación del Departamento de Defensa norteamericano a colaborar durante la Guerra Fría. Entonces tampoco se escuchó a la ciencia sobre la no aplicabilidad de la cibernética para condicionar a los humanos. Si Wiener viviese hoy y viese algunas propuestas de ‘Smart city’, Google, Netflix o cualquier otro sistema cibernético empleado para condicionar a los humanos, lo mismo se tiraba de un puente. Justo se ha empleado para todo lo contrario a lo que Wiener, la ciencia, defendía. Y de esos polvos, estos lodos. ¿Qué quiero decir con esto? Que la ciencia y la tecnología no se desarrollan de manera espontánea, aséptica y objetiva, por el bien de la humanidad, sino que obedecen a una serie de intereses que, cuando les viene bien escuchan a la ciencia y cuando no, la ignoran por completo. @Loucy Imagen: Cibernética y Sociedad edición de Free Association Books.

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