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UNA INOCENTADA REPUGNANTE #Español #Inocentadas #MiMayorTravesura Con este post mato dos pájaros de un tiro: les cuento una inocentada del ‘club del gato’ que hicimos de críos y les cuento una travesura que no tuve tiempo de contar durante la dinámica propuesta por Kike y que algunos querían que contase. Les advierto que es un poco escatológica, así que traten de no imaginárselo con demasiado detalle, sobre todo si son de náusea fácil. Les voy a contar cómo acabamos vomitando de verdad por hacer bromas con caca de mentira. Durante mi infancia, el 28 de diciembre siempre fue un día divertido para todos mis primos y primas. Casi todos los años, mi primo compraba ‘bromas clásicas’ en una tienda y nos pasábamos todo el día fastidiando a los adultos: minipetardos que hacían explotar los cigarrillos, moscas de plástico dentro de terrones de azúcar que salían a flote cuando los echaban en el café, colorantes que poníamos en el grifo de la cocina y el agua salía verde o marrón… Otro clásico era el típico excremento de escayola que dejabas en algún rincón de la casa. Seguro que lo conocen porque es muy típico en las tiendas de bromas. Todos los años dejábamos el ‘zurullo’ en algún lugar diferente, y mandábamos a mi prima pequeña (que colaboraba también) para decirle a algún adulto que no se había aguantado y que se había hecho popó en un rincón. Claro, los adultos, ya se la sabían de tanto repetirla. Pero un año, mi primo trajo un bote muy especial: ‘cagarruta en spray’ se llamaba. Era como un bote de nata montada que, en lugar de nata, soltaba una pasta marrón que se iba haciendo consistente con el contacto con el aire. El problema era que la boquilla era como las de nata montada. Así que soltaba un zurullo con forma estrellada y poco creíble, que parecía más chocolate para decorar pasteles que otra cosa. Así que le serramos la punta para que aquello se pareciese más a un excremento real. Todos los críos nos fuimos al baño y allí dejamos una cagarruta bien realista en mitad del suelo. Pero para hacerlo más creíble, dejamos unas ‘piezas’ más pequeñas de camino a la taza. Y alguna que otra sobre la tapa. Realmente parecía que alguien había entrado al baño con muchísima urgencia, pero no había llegado a tiempo al retrete. Luego mandamos a mi primita que, por supuesto, una vez más colaboró: ‘Mamaaaa, no me ha dado tiempo a llegar y he hecho caca en el suelo del bañoooooo’. Mi tía, atareada haciendo la comida, no le prestó atención pensando que si iba al baño se encontraría, una vez más, el clásico zurullo de escayola que siempre usábamos desde hace años. ‘Vale cariño, luego voy a ver…’. Ahí quedó la cosa y nos fuimos al salón a jugar… hasta que pasadas unas horas empezamos a reír sin control al escuchar de lejos a mi tía: ‘Ahhhh ¡Qué asco! ¿Pero quién se ha cagado de verdad? ¡Puf! Qué mierda más grande’. Cuando llegó mi tía para pedir explicaciones a mi prima, nos encontró a todos y a todas desparramados por el suelo de la risa. El castigo: ‘Pues ahora cada uno cogéis un trozo de paño y recogéis un pedacito de esa guarrada que habéis echado en el baño. ¿La broma entre todos? ¡Pues a limpiar entre todos!’ Y allí fuimos al baño con nuestra sonrisa triunfal de haber hecho una broma divertidísima… hasta que abrimos la puerta. Por algún motivo, aquello olía tremendamente mal, a ¡auténtica mierda! Miramos el bote y vimos que no habíamos leído la etiqueta promocional amarilla: ‘¡Ahora, con más olor!’. ¡Noooo! Nuestra ‘obra de arte’ no solo era 'visual', sino también 'olfativa' según pasaba tiempo en contacto con el aire. Y allí que nos agachamos para limpiar cada cual su porción correspondiente por cómplice de la travesura. Pero claro, si parece mierda y huele a mierda, aunque sea artificial, es mierda a todos los efectos. Y a 20 centímetros de distancia, el olor de aquella porquería pegaba bien fuerte. Todos y todas estuvimos recogiendo aquello entre náuseas… pero mi primita, se manchó un poco el dedito con aquel producto. Y al verlo en su dedo, no pudo contenerse y vomitó. Mi otra prima, trató de avisar a mi tía y se fue corriendo hacia la cocina, pero del asco, vomitó en el pasillo. Luego yo, después mi hermano… ya saben efecto dominó. Así que cuando llegó mi tía nos expulsó a gritos: ‘¡Pero esto qué es! ¡Fuera de aquí! ¡Cochinos! ¡Asquerosas!’ Aunque el producto de ‘broma’ ya estaba casi recogido, a mi pobre tía le toco volver a limpiar el baño, esta vez de los vómitos de los ‘bromistas del club del gato’. Nunca más compramos ‘cagarruta en spray’. @Loucy

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