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MARKETING DE CIUDADES 4 de 4: ALDEAS POTEMKIN #Español #Marketing #Ciudades #Espectáculo #DesarrolloSostenible Cuenta la leyenda que, con la anexión de Crimea a Imperio Ruso en el s. XVIII, la emperatriz Catalina II quiso realizar un viaje para ver las bondades de su nuevo territorio: Nueva Rusia. Aquello no era más que un territorio baldío y destartalado por las guerras, de modo que su ministro, Grigori Potemkin, decidió ‘embellecer’ el territorio para que la emperatriz no se llevara un disgusto. La técnica consistió en montar ‘pueblos de mentira’ en el horizonte. Todo eran fachadas de ‘quita y pon’, que la emperatriz vería a su paso sin entrar en ellas. Una vez Catalina II pasase, esas aldeas eran desmontadas y montadas nuevamente más adelante, según la emperatriz iban avanzando en su itinerario. Al margen de esta leyenda, actualmente existen ‘ciudades potemkin’ que solo cuentan con una imagen, pero que esa imagen no se ajusta en absoluto a la realidad, mucho más dura y mucho menos agradable a la vista. A menudo, el marketing de ciudades sirve para crear estas ‘aldeas potemkin’. Preciosos y pintorescos lugares con encanto, pero que, si se visitan con una mente crítica y más en profundidad, no tienen nada de auténtico ni de real. Los nuevos Grigori Potemkin, bien podrían ser esas multinacionales que abren locales de quita y pon, esos resorts que venden la mentira del lujo, esas playas privadas que se ven a lo lejos pero sin visitar, esos paisajes bucólicos, que están podridos en su interior pero solo se detecta la podredumbre cuando alguien se adentra en ellos un poquito más que lo justo para hacer un ‘story en insta’ o un estúpido y ególatra selfie que solo dice ‘bonito paisaje, pero aquí estoy yo, que es lo importante’. No me entiendan mal. El marketing de ciudades y la diplomacia de ciudades, son instrumentos realmente potentes para ayudar a un desarrollo local a todos los niveles: medioambiental, socio-cultural y económico. Pero no es posible lograrlo si se hace desde la deshonestidad de ‘vender’ una promesa que no se corresponde con la realidad, o que solo sirve para el lucro de unos pocos a costa de lo que es de todos. Me resulta gracioso cuando recordamos las conquistas de hace 500 años y hacemos alarde de pensamiento crítico. Y al mismo tiempo, vamos corriendo a consumir en ese nuevo local perteneciente a una franquicia internacional porque es 'nuevo y más barato'. Nos quedamos con la boca abierta cuando construyen la torre más alta de la región y nos enorgullecemos cuando ponen el nombre de nuestra ciudad en un logo, en un llavero o en unas letras de cartón piedra. Todo ello de quita y pon, que lo mismo da ponerlo aquí o allá, como una ‘aldea potemkin’. Porque es todo una gran mentira. Quedamos complacidos/as con estos ‘avances’, sin preguntarnos quién gana y quién pierde, sin darnos cuenta del expolio medioambiental y cultural, de la explotación de una mano de obra barata para vender caro en otro lugar del mundo globalizado, de la terrible acumulación de capital en muy poquitas manos a costa de generar nuestra propia pobreza. No nos damos cuenta que nos cambian el ‘oro’ por unos ‘espejos’ que devuelven una imagen falsa de lo que fuimos y de lo que somos. Ya no hacen falta cascos, armaduras, caballos ni una cruz para arrebatarnos lo más valioso que tenemos: nuestra cultura, nuestro esfuerzo, nuestros entornos vitales y nuestra riqueza. Solo hace falta un buen logotipo y un poco de cartón-piedra. @Loucy Imagen: Elaboración propia a partir de gráficos vectoriales Creative Commons. PD: Dedicado a @Atandome, a quien debía esta parte final.

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